El “factor gas” en la crisis siria

Nazanin Armanian
Público

Flickr.com/aqmme/cc-by

Si EEUU y sus aliados occidentales todavía no han atacado Siria –al estilo de Libia- y van con cuidado, no es que el país carezca de importantes reservas de hidrocarburos o que unos informes recientes culpen a la OTAN de la matanza de civiles libios, sino, principalmente, porque está ubicado en Asia, zona de influencia rusa-china. De momento, Occidente prefiere actuar a través de la ambiciosa Turquía, ese miembro musulmán-moderado de la Alianza, usando el dinero de Arabia Saudí para pagar a los rebeldes y mercenarios y el rostro presentable de la dictadura medieval de Catar.

La injerencia en los asuntos internos de Siria y el derrocamiento del régimen de Assad, además de formar parte del plan del ataque a Irán –segunda reserva mundial de gas y petróleo-, se debe a que este país árabe-kurdo también posee importantes bolsas de gas (el combustible del siglo XXI, bueno, barato, limpio, accesible y abundante) y puede convertirse en una ruta imprescindible de conductos que lo transporten hasta el Mediterráneo.

Mientras la francesa Total anuncia que busca gas en Libia y Egipto (ahora que sus “Primaveras” ya están secuestradas) y se prepara para hurgar en las tierras y aguas sirias, varios billones de metros cúbicos de gas localizados en las costas de este país han provocado una disputa entre Israel, que reclama su totalidad, y Líbano, que acusa al Estado judío de extraer lo que considera su parte. La guerra por este yacimiento empezó en 1990 cuando British Gas (BG) descubrió grandes reservas en las aguas de la Franja de Gaza, entonces bajo la soberanía de la Autoridad palestina. En el año 2000, acosado por la oposición y por Israel, Yasser Arafat firmó con BG y sus socios un acuerdo de extracción para los 25 años siguientes.

 

BG se quedaba con el 90% de los beneficios y los palestinos ni siquiera podrían tocar el 10% restante, que se depositaría en una cuenta internacional. Aun así, Ariel Sharon se negó a respetar este precario acuerdo y paralizó los trabajos de BG, a pesar de las presiones de Tony Blair. En 2006 la toma del poder por Hamás fue una fiesta en Tel Aviv: ninguna empresa occidental podría firmar acuerdos con una “organización terrorista”. En el mismo año los cascos azules se apostaron en El Líbano con la misión de contener a Hizbulá y a Siria.

Los inmensos campos de petróleo y gas de todo el levante mediterráneo son una tentación para EEUU y la Unión Europea. Tras el fracaso de Occidente en el proyecto del gaseoducto “Nabucco” –que diversificaría el suministro energético de la UE con la importación de gas desde el mar Caspio hasta el Mediterráneo evitando a Rusia- la UE considera más viable el “Arab Gas Pipeline” (Gasoducto árabe), con la participación de Siria, Jordania y Líbano, que conectaría el gaseoducto del norte de África a Turquía –al Mediterráneo. De ahí el apoyo del Kremlin a su aliado Assad, y el interés de Ankara por derrocarlo: la convertiría en la primera puerta energética de Asia a Europa.

¿Y qué hace Catar en Siria? El golpe de Estado del jeque Al Tahani contra su padre en 1995 coincidió con el inicio de la exportación de gas catarí a Europa. Ciertamente es la tercera reserva mundial de gas, después de Rusia (25%) e Irán (15%), pero si ya el intento del reducir la influencia rusa con solo el 13% de las reservas es el delirio de un enano, la pretensión de convertirse en el gendarme de EEUU en el Golfo Pérsico –puesto que ostentó el Sha de Irán y luego deseó Arabia Saudí-, realmente le viene muy grande. Pero eso sí, cumple con diligencia su misión de aplastar –con ayuda de Al Jazzira- las aspiraciones democráticas de la Primavera Árabe y de allanar el camino a la OTAN (como en Libia) para que consiga sus infames intereses.

Para la Rusia de Putin, el objetivo de acabar con el mundo unipolar pasa por Siria. Allí puede impedir que el levante mediterráneo se convierta en un espacio atlantista. En cuanto a China, tras perder a Irak, Sudán y Libia como fuentes de energía, se pone firme para mantenerse en la zona por medio de Siria e Irán.

Obama deja que la situación se enquiste y derive en una sangrienta guerra civil para ahorrarse una intervención militar en vísperas de las elecciones presidenciales. Assad no deja el poder y sus adversarios extranjeros continúan armando a los rebeldes. A ninguna parte del conflicto le interesa la población siria.

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Fuente: Rebelión

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