El Consejo de Seguridad de la ONU se ha agotado y no concuerda con las exigencias del tiempo. Así afirma la organización Amnistía Internacional.
Igor Siletski
La Voz de Rusia
En el informe de los defensores de los derechos humanos publicado hoy, 24 de mayo, como pruebas de tal punto de vista, se aducen: “la actividad de los manifestantes por todo el mundo y los fiascos de la dirección política de muchos países”. Los analistas recibieron con una buena porción de escepticismo los asertos de los defensores de los derechos humanos.
Los gobiernos, por fin, han de asumir el papel que les confiere la ley y acabar con la injusticia, amparar a los débiles y moderar a los fuertes, declaró el secretario general de Amnistía Internacional Salil Shetty. Por el momento, en su opinión, los intereses financieros resultan por encima de los derechos humanos.
Las grandes potencias luchan por su influencia en Cercano Oriente y el Norte de África. El Consejo de Seguridad de la ONU en estas circunstancias no cumple con sus obligaciones, por ejemplo, “hace connivencia con los crímenes de lesa humanidad en Siria” y “no se justifica como garante de la paz en el mundo entero”, puntualizan los autores del informe.
Lo dicho es, a primera vista, justo y bonito. Incluso inspira a luchar por la paz en el mundo entero. Pero esta inspiración se esfuma si se recuerda que esta misma Amnistía Internacional permanecía inmutable frente la conducta del Consejo de Seguridad cuando, con su silencioso beneplácito, se bombardeó, por ejemplo, a Libia.
En general, últimamente es difícil notar una “línea general” en los actos de Amnistía Internacional. Lo que confirma una vez más que Amnistía Internacional cumple los encargos de sus “sponsors”, deduce Dmitri Viatkin, diputado a la Duma de Estado de Rusia:
–Esta entidad es un instrumento de ciertas fuerzas políticas que operan en la palestra internacional. Y en este caso ellas asomaron la oreja. Es un buen indicador de identificación “suyo-ajeno”. Es decir, si ellas reconocieron “presos de la conciencia” a algunos opositores, significa que Occidente está interesado en ellos.
Importa apuntar que la actividad de la ONU y de su Consejo de Seguridad origina en realidad muchas interrogantes. En los últimos años, una y otra vez se plantea la cuestión de la necesidad de reformar esta organización. Al propio tiempo, es el único instrumento de la comunidad internacional con cuya ayuda se logra (a decir verdad, no siempre) regular la situación en el mundo. Si hablamos de la situación de Siria, tan solo el veto de Moscú y de Pekín detuvo a la coalición occidental de que reprimieran con sus métodos habituales el régimen de Bashar Asad. Y de que sumieran el país (y toda la región) en un estado de caos. Libia es un ejemplo palmario de ello.
Hay en el informe de Amnistía Internacional, cómo no, un capítulo sobre Rusia. Según el criterio de los autores, durante todo el año 2011 las autoridades no rara vez violaron el derecho de reunión, limitaron los Media, presionaron a periodistas y defensores de los derechos humanos. Los colegas occidentales no dijeron nada nuevo a sus congéneres rusos: tales problemas sí existen. Pero, de todos modos, las conclusiones de Amnistía son unilaterales, considera Alexander Brod, jefe de la Oficina de Derechos Humanos de Moscú:
–Es de lamentar que no se hable nada de la discriminación contra los rusos en los países bálticos, de la rehabilitación de las tendencias neonazis, de la incentivación de actos neonazis por los órganos del poder de Letonia y Estonia. Quisiéramos también que los autores del informe, al prepararlo, efectuaran consultas con la comunidad de defensores de los derechos y expertos, a fin de evitar la unilateralidad y fórmulas demasiado generalizadas.
En lo que se refiere a la crítica al Consejo de Seguridad de la ONU, los expertos rusos no hallaron en el informe un panorama objetivo de problemas propios de esta entidad. De lo escrito es posible deducir: en Amnistía Internacional desean que el Consejo de Seguridad “haga el juego” a ciertas fuerzas políticas. Moscú, en cambio, está interesado, antes que todo, en que la ONU defienda realmente los derechos del hombre. Objetivamente y sin entresijos políticos, sin convertir dichos derechos en moneda de cambio.