Las perspectivas de un acuerdo entre Irán y la Unión Europea

Boris Pávlischev
La Voz de Rusia

© Collage: La Voz de Rusia

En este sentido también desempeñará su papel el hecho de que en agosto del año que viene los iraníes elegirán a su nuevo presidente. Sería razonable que Occidente espere la asunción del nuevo líder. Es muy probable que con él sea más fácil negociar. Hasta entonces las posibilidades de un ataque militar seguirán siendo insignificantes.

El 15 de octubre la UE aprobó el último paquete de sanciones contra Irán. Uno de los puntos más traumáticos para ese país es la prohibición casi completa de las operaciones mutuas entre los bancos europeos e iraníes.

De esta manera, la UE prácticamente agotó la posibilidad de seguir recrudeciendo las sanciones. Solo queda espacio para algunos pasos insignificantes. Se puede, por ejemplo, extender la lista negra de compañías de Irán, imponer restricciones a algunos de sus sectores, bajo el pretexto de que tienen relación con los programas nucleares o militares.

Pero en la UE comprenden que las medidas sucesivas ya no serán eficaces y las acciones rigurosas en relación a Irán perjudican su propia economía inestable. Para que los europeos den un giro definitivo hacia Irán, deben sentir que por medio de sanciones es imposible resolver los problemas. Para este proceso se necesitará aproximadamente un año, explica el director del Centro Ruso de Estudios Políticos y Sociales, Vladímir Evséiev:

—Ahora la UE se deleita con su preeminencia y considera que puede hacer todo lo que quiere. Para que le surjan dudas hay que esperar hasta otoño del año que viene.

 

En primer lugar, los europeos tendrán grandes problemas económicos. En segundo lugar, las restricciones contra Irán son en buen grado inventadas, nada tienen que ver con los programas nucleares o de misiles e incitarán a la UE a ser más susceptible a un compromiso.

Ahora la UE no está dispuesta a ello. Por eso, incluso si a finales de noviembre-principios de diciembre se celebre el encuentro de Teherán con el grupo 5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania), no vale la pena esperar éxito alguno. Un éxito relativo será más realista en otoño del año próximo. No nos olvidemos que para entonces Irán también elegirá a su nuevo presidente. Es muy probable que durante la campaña electoral la grave situación en el país y la propaganda occidental eleven las posibilidades de los candidatos más pro-occidentales, supone el director general del Centro Ruso de Estudio de Irán Contemporáneo, Radzhab Safárov:

—Los medios de comunicación del mundo tienen de todos modos influencia sobre la opinión pública de Irán, siguen la línea de que su Gobierno es culpable de muchas cosas, es inconvencible y se comporta de manera sospechosa en la arena mundial. Una parte de la población cree en ello. Por otra parte, Occidente seguirá apostando por las fuerzas en Irán que, si no son pro-occidentales, al menos son liberales y no tan rígidas como la línea que sigue Ahmadineyad.

En los últimos treinta y tres años el sistema político iraní ha instrumentado mecanismos de autodefensa y los candidatos a presidente que le resulten peligrosos serán desechados. De ahí que sea ingenuo esperar que el nuevo mandatario de la República Islámica revoque todo en un abrir y cerrar de ojos y reciba a los europeos con los brazos abiertos. No obstante, la propuesta de Teherán de interrumpir las labores de enriquecimiento de uranio hasta el 20 % puede seguir en pie, considera Vladímir Evséiev:

—Por ejemplo, como primer paso la UE suaviza las sanciones bancarias e Irán no despliega la cascada de treinta y cuatro centrifugas en Natanz, que ahora está instalando. Luego Irán podría limitarse a dos mil centrifugas en Fordo, sin llegar a las tres mil. A esto la UE también podría reaccionar.

Los europeos, EEUU e Israel tendrán que esperar todo un año hasta que se perfile el rumbo del nuevo presidente iraní. La probabilidad de una guerra será siendo mínima, explica Radzhab Safárov:

—Como mínimo hasta setiembre del año que viene no se lanzará ningún ataque contra Irán. Israel en solitario no puede hacerlo. Por su parte, los líderes del mundo occidental son más prácticos, partirán de sus propios intereses e impedirán que se tome una resolución tan prematura como ineficaz.

Vladímir Evséiev opina que EEUU tiene sus propias razones para no meterse en una guerra:

—Esto obedece a la necesidad de mantener la presencia de EEUU en Afganistán hasta 2014 y de retirar plenamente las tropas de Iraq, lo cual no se cumplió. En tales condiciones, será imposible explicar a los norteamericanos de a pie que las tropas que se retiran de Afganistán deben ser enviadas a combatir a Irán.

Y para Israel el dolor de cabeza no es Irán, ni mucho menos, sino la situación en el Sinaí y la normalización de las relaciones con Egipto, donde el poder fue asumido por los islamistas. De modo que la tregua de un año está casi garantizada. Y los europeos tendrán tiempo para reflexionar sobre el compromiso a base del principio de graduación y reciprocidad, a lo que Teherán está dispuesto ya ahora.

mj/mo/ap

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