Gripe porcina o Gripe aviar: De todas formas estamos teniendo una pandemia


Susanne Posel
Occupy Corporatism
(Traducido por Arielev)

La revista británica The Lancet Infectious Diseases publicó un estudio afirmando que la gripe porcina ha matado a un estimado de 579.000 personas, quince veces más grande que las pruebas de laboratorio que habían sido confirmadas con anterioridad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) había supuesto originalmente sólo 18.500. En ese momento, la OMS afirmó que este número era una subestimación. Ellos dijeron que las muertes de indocumentados en África y el sudeste de Asia podrían aumentar el número , pero por cuántos, no estaban seguros.

Fátima Dawood, del Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) e investigadora principal del estudio, dijo:

“Esta pandemia realmente cobra un precio enorme. Nuestros resultados también sugieren la mejor manera de desplegar los recursos. Si la vacuna estuviera disponible, hay que asegurarse de que llegó a las áreas en las que el número de muertos es probable que sea más alta. “

El virus H1N1, también conocido como la gripe porcina, se detectó por primera vez en México en 2009. Más tarde emigró a California y se extendió rápidamente en todo el mundo.  En ese momento, el CDC había desaprobado los viajes entre México y los EE.UU..

La gripe porcina contiene una mezcla de aves, cerdos y virus de la gripe humana, lo cual no es indicativo de un fenómeno natural. Mientras que los investigadores estaban tratando de averiguar cómo esta combinación llegó a ocurrir, la OMS declaró a la gripe porcina una pandemia debido a que en 2009 más de 74 países habían informado de su presencia a través de resultados de laboratorio.

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La ONU hace desaparecer 50 millones de refugiados climáticos


Predijeron que en 2010 habría 50 millones de refugiados climáticos y no se ha registrado ninguno. La ONU trata en vano de ocultar las pruebas.

Fernando Díaz Villanueva
Libertad Digital

Todo empezó hace casi seis años, allá por el otoño de 2005, en plena histeria mediática del calentamiento global antropogénico. Un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas anunciaba que, para el año 2010, habría 50 millones de refugiados climáticos. Es decir, gente desplazada de sus hogares pero no por culpa de guerras o hambrunas, sino por los efectos que el calentamiento global iba a ocasionar sobre ciertas áreas de la Tierra, especialmente archipiélagos y zonas costeras muy expuestas a la subida del nivel de los océanos.

Janos Bogardi, a la sazón director del Instituto para el Ambiente y la Seguridad Humana, se mojaba asegurando que la situación se debía “al uso poco sostenible de la tierra y la influencia del cambio climático“. Este último sería el responsable, según Bogardi, de las inundaciones, “provocadas por crecientes niveles de dióxido de carbono en la atmósfera”. Un C02 que, a juicio del funcionario de Naciones Unidas, era mucho mayor de lo natural

El estudio tuvo un eco inmediato. La prensa de todo el planeta habló de él. En España titulares como este del diario El Mundo, se repitieron por todos los periódicos. Era un vaticino cercano, pero tan seguro estaban de él sus defensores que lo fiaban a cortísimo plazo –sólo cinco años– y hasta metían en el ajo a la Cruz Roja. Se pedía crear una nueva categoría de refugiado que viniese a completar la que se estableció en 1951 en la Convención de Ginebra. En aquel entonces se apostaba por el término “refugiado ambiental“, aplicable a aquellos que tuvieran que dejar su hogar por culpa de los destrozos medioambientales ocasionados por la especie humana.

Myers, el predictor

La pregunta que por entonces nadie se hizo fue de dónde salía esa cifra. ¿Por qué 50 millones y no 40, 60 ó 100? El inventor de los 50 millones fue el ecologista radical británico Norman Myers, profesor de la Universidad de Oxford y famoso por haberse inventado otra cifra en el pasado, la de la cantidad de especies que, supuestamente desaparecen cada año. Myers dijo que iban a ser desplazadas 50 millones de personas a causa del calentamiento global durante una conferencia de prensa durante la cual no respaldó sus afirmaciones con estudio o razón alguna.

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