Muhammad Idrees Ahmad
Tlaxcala.org
Traducido por Rolando Gómez
Editado por Ana Atienza
Lo llaman “bug splat” (bicho aplastado). Es el manchón salpicado de sangre, huesos y vísceras que marca el sitio del impacto con éxito de un “zángano”[1]. Para los operadores de las consolas en Nevada, EEUU, el manchón significa “posibles milicianos” que han sido “neutralizados” recientemente. Sin embargo, para quienes están en tierra, en la mayoría de los casos significa una familia desbaratada, un hogar destruido.

Los zánganos Predator estadounidenses han desempeñado un importante papel en el programa de ejecuciones extrajudiciales de la CIA en Pakistán, donde cerca de 2.500 personas, en su mayor parte civiles, han muerto a manos de las tropas estadounidenses desde junio de 2004 [EPA
Desde el 18 de junio de 2004, cuando comenzó con su política de ejecuciones extrajudiciales en Pakistán, la CIA ha dejado cerca de 250 manchones como esos en tierra pakistaní, embadurnados con los restos de más de 2.500 individuos, en su mayoría civiles. Pero parece que últimamente le ha dado por decorar otras partes del mundo.
Debido a que el gobierno pakistaní y sus sombrías agencias de inteligencia han sido cómplices en los asesinatos, la CIA ha sido capaz de hacer todo esto en completa impunidad. Grandes organizaciones de derechos humanos esclavas de la administración de Obama lo han permitido, y también los medios de comunicación, que de manera acrítica aceptan las afirmaciones de las autoridades acerca de la precisión de sus juguetes letales.
Sin embargo, dos sucesos recientes podrían cambiar todo esto.
El combatiente ilegal
El 18 de julio de 2011, tres hombres de una tribu pakistaní –Karím Ján, Sadaula y Mezol Ján– presentaron una demanda judicial formal en una comisaría de Islamabad contra John A. Rizzo, ex consejero general de la CIA. Hasta su pase a retiro el 25 de junio de 2009, Rizzo sirvió como consejero legal del programa entre cuyas víctimas se encuentran el hijo y el hermano de Karím Ján, el hijo de siete años de Mezol Ján y tres miembros de la familia de Sadaula (quien también perdió ambas piernas y un ojo en el ataque).
En una entrevista con la reportera del semanario Newsweek Tara McKelvey, Rizzo se jactaba de ser el responsable de la aprobación de las “listas de objetivos” de las “operaciones letales”. Los objetivos eran “volados en pedacitos” en operaciones “como de negocios”, decía. Según su propia confesión, había participado en un “asesinato”. Incluso alardeaba de ello: “¿Cuántos profesores de Derecho han puesto su firma en una sentencia de muerte?”. Pero no acaban ahí las proezas de Rizzo: ha declarado estar también “metido hasta el cuello” en el programa de torturas en centros de detención ilegales de Bush en Afganistán y en otros lugares.
El detallado informe preliminar que el abogado Mirza Shajzad Akbar preparó en nombre de los miembros de la tribu pakistaní fue presentado en la comisaría de la Secretaría de Islamabad, cuya jurisdicción territorial incluye la residencia del principal co-conspirador de Rizzo: el jefe local de la CIA, Jonathan Banks, que desde entonces ha huido de Pakistán. Como integrante de una conspiración para cometer un asesinato en Pakistán, Akbar considera que Rizzo debe ser juzgado según el código penal pakistaní.
El celebrado abogado defensor de los derechos humanos Clive Stafford Smith, más conocido como la bestia negra de George W. Bush sobre Guantánamo, está liderando una campaña para conseguir una orden de arresto internacional contra Rizzo. Interrogado sobre el tema de la jurisdicción, Smith me dijo que “no hay problemas de jurisdicción. Se trata de una serie de crímenes que incluyen el asesinato, (…) cometidos en suelo pakistaní contra ciudadanos pakistaníes”. Insiste en que “no hay dudas de que [Rizzo] es imputable por los crímenes que está cometiendo. El único problema es si va a enfrentar las consecuencias o si las autoridades le van a mantener oculto”.
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