Lo que está en juego en el estrecho de Ormuz


René Naba
Renenaba
(Traducido para Rebelión por Caty R.)

Estrecho de Ormuz.
By Jacques Descloitres, MODIS Land Rapid Response Team, NASA/GSFC [Public domain], via Wikimedia Commons

El golfo Pérsico, posible punto de impacto derivado del enfrentamiento entre Irán e Israel constituye, según la opinión unánime de los expertos, la yugular del sistema energético mundial. Y la proyectada intervención occidental en caso de cierre de la navegación en el canal está justificada por el principio universal de la libertad de navegación.

Sin embargo hay que señalar que los grandes principios universales raramente proceden de consideraciones altruistas y que en primer lugar responden a imperativos materiales.

Es el caso del principio de la libertad de navegación blandido por la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII para asegurarse la supremacía marítima y en consecuencia su hegemonía comercial en todo el mundo.

También ha sido así en el caso del principio de la libertad de comercio y el libre intercambio decretado por los países occidentales en los siglos XIX y XX para obligar a China a recibir mercancías occidentales en su mercado interior en nombre de la «política de puertas abiertas».

Lo mismo en el caso del «principio de la libertad de información», firmemente defendido por Estados Unidos inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial para hacerse con la supremacía ideológica en los cuatro ámbitos que configuran el poder: político, militar, económico y cultural.

El principio de la libertad de navegación en los océanos del nuevo mundo del siglo XXI

Las demostraciones de fuerza en torno al estrecho de Ormuz entre los estadounidenses y los iraníes en 2012 -entre ellas las grandes maniobras navales de la OTAN del 16 al 27 de septiembre, las maniobras ICNMEX, con la participación de 20 países y unos 40 barcos para limpiar el canal- revelan retrospectivamente la utilidad del papel prescriptor de los occidentales para sus propios intereses.

La intervención contra Egipto en Suez en 1956 para castigar a Nasser por nacionalizar el Canal, vía de paso entre el Mediterráneo y el mar Rojo, es un ejemplo. El presidente egipcio, que pretendía financiar el desarrollo de su economía nacional por medio de la única fuente de riqueza de su país, los derechos de paso por el Canal, chocó con la violenta oposición de la empresa franco-británica de Suez, lo que llevó a una intervención armada conjunta de Israel y las dos antiguas potencias coloniales de la época, Francia y Gran Bretaña, patrocinadoras de la empresa.

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Cómo ve Estados Unidos a China


Jon Glaser
Antiwar
(Traducido para Sleepwalkings por Ariel Millahüel)

De la última edición de Foreing Affairs , cómo ve Estados Unidos a China ,por Andrew J. Nathan y Scobell Andrew, se tienen algunas ideas valiosas. La relación diplomática entre EE.UU. y China se ha deteriorado recientemente, debido sobre todo a la belicosidad del presidente Obama en la región Asia-Pacífico y la necesidad indeleble para inventar una amenaza china que no es tal.

Como he escrito, es importante ver cómo China percibe a EE.UU., qué ve general y específicamente con respecto a la llamada por la administración Obama “Asia-Pivot”,   una agresiva política que involucra el surgimiento de la presencia militar estadounidense  en la región, con el objetivo de contener el ascenso de China .

De acuerdo con Nathan y Scobell, los chinos ven a EE.UU. como “un poder revisionista que busca reducir la influencia política de China y perjudicar los intereses de China.” Los analistas chinos consideran a EE.UU. “como militarístico, de mente ofensiva, expansionista y egoísta.”

Y, más concretamente,  del Asia-Pivot  de Estados Unidos que su “verdadero propósito no es proteger los llamados derechos humanos, sino utilizar este pretexto para influir y limitar el saludable crecimiento económico de China, y para evitar que la riqueza y poder de China amenace a [su] hegemonía mundial”, según Li Qun, “un miembro del Comité del Partido Provincial de Shandong y una estrella en ascenso en el Partido Comunista.”

Si es así como nuestras políticas se ven, ¿cómo podemos esperar que las autoridades chinas reaccionen? Washington ha estado construyendo nuevas bases militares y reacondicionando  las antiguas en la región con el fin de sentar las bases de trabajo para una “batalla aire-mar” con China. La idea es tener suficientes bases estadounidenses desplegadas por toda la región para que China estuviese demasiado rodeada como para atacar con seguridad. ¿Cómo podría reaccionar América ante tal belicosidad no provocada?

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La globalización de la guerra: La “hoja de ruta militar” de la III Guerra Mundial


por Michel Chossudovsky y Cunningham Finian
Global Research
(Traducido por Arielev)

Lectura Interactiva de Global Research E- Reader Nº2

El diseño global militar del Pentágono es el de conquistar el mundo.

El despliegue militar de Estados Unidos y fuerzas de la OTAN se está produciendo simultáneamente en varias regiones del mundo.

El concepto de la “larga guerra”, ha caracterizado a la doctrina militar de EE.UU. desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El objetivo más amplio de dominación militar global en apoyo de un proyecto imperial fue formulado por primera vez bajo la administración de Truman en la década de 1940 al comienzo de la Guerra Fría.

En septiembre de 1990, unas cinco semanas después de que el Irak de Saddam Hussein invadiera Kuwait, El presidente y comandante en jefe de EE.UU., George Herbert Walker Bush, pronunció un discurso histórico ante una sesión conjunta del Congreso de los EE.UU. y el Senado en la que proclamó un Nuevo Orden Mundial emergente de los escombros del Muro de Berlín y de la desaparición de la Unión Soviética.

Bush padre había previsto un mundo de “pacífica cooperación internacional”, uno que ya no estaba encerrado en el enfrentamiento entre los que compiten las grandes potencias, bajo la sombra de la doctrina de la “Destrucción Mutua Asegurada” (MAD), que había caracterizado a la era de la Guerra Fría.

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Las misiones secretas de entrenamiento del Pentágono en Oriente Próximo


Nick Turse
Tom Dispatch
(Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández)

Logo del USCENTCOM. Wikipedia.

Mientras la Primavera Árabe florecía y el presidente Obama dudaba en si hablar o no a favor de los manifestantes que buscaban cambios democráticos en el Gran Oriente Medio, el Pentágono decidía actuar con decisión. Y a tal empeño, se puso a forjar lazos aún más profundos con algunos de los regímenes más represores de la región, construyendo bases militares y auspiciando ventas de armamento y transferencias a los diversos déspotas desde Bahrain al Yemen.

Mientras las fuerzas de la seguridad estatal por toda la región aplastaban la disidencia democrática, el Pentágono enviaba también repetidamente tropas estadounidenses en misiones de entrenamiento para los ejércitos aliados de la zona. Durante más de cuarenta de esas operaciones, con nombres como León Ansioso y Amistad Dos, que en ocasiones duraron semanas o meses, enseñaron a las fuerzas de seguridad medio-orientales los aspectos más sutiles de la contrainsurgencia, de las tácticas para unidades pequeñas, de la recogida de inteligencia y operaciones de información, habilidades cruciales todas ellas para derrotar los levantamientos populares.

Leones, marines y marroquíes, ¡ay, Dios!

El 19 de mayo, el presidente Obama se tomó finalmente en serio la Primavera Árabe. No fue ambiguo cuando dijo que se mantendría al lado de los manifestantes y en contra de los gobiernos represores, afirmando “que los intereses de EEUU no son hostiles a las esperanzas de los pueblos; son esenciales para ellos”.

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Comandos de EEUU: Una guerra secreta en 120 países


Nick Turse
TomDispatch.com
(Traducido por IAR Noticias)

En algún lugar de este planeta, un comando estadounidense está llevando a cabo una misión. Repitan ahora eso mismo setenta veces y ya han hecho bastante… por hoy. Sin que el pueblo estadounidense sepa nada, una fuerza secreta dentro del ejército de EEUU está emprendiendo toda una serie de operaciones en una mayoría de países del mundo. Esta nueva elite de poder en el Pentágono está librando una guerra global cuyo tamaño y alcance no se habían revelado nunca hasta ahora.

Después de que un SEAL [el cuerpo de los Focas] de la Marina de EEUU le metiera una bala en el pecho y otra en la cabeza a Osama bin Laden tras asaltar el recinto donde se hallaba en Pakistán, una de las unidades más secretas de operaciones encubiertas del ejército estadounidense se encontró de repente con que su misión se había convertido en el centro de la atención pública. Algo muy poco común. Aunque se sabe bien que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU están desplegadas en las zonas de guerra de Afganistán e Iraq y cada vez está más claro que esas unidades actúan en zonas conflictivas difíciles, como Yemen y Somalia, la extensión total de su guerra, de amplitud mundial, ha permanecido profundamente oculta en las sombras.

El pasado año, Karen De Young y Greg Jaffe, del Washington Post, informaron de que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban desplegadas en 75 países, subiendo hasta esa cifra desde los 60 que eran a finales de la presidencia de George W Bush. El portavoz del Mando de dichas Operaciones Especiales Tim Nye me dijo que, para últimos de este año, la cifra probablemente llegará a 120. “No paramos de movernos, no se trata solo de Afganistán o de Iraq”, dijo recientemente. Esta presencia global –apropximadamente en el 60% de las naciones del mundo y muchísimo más amplia de lo que anteriormente se reconocía- proporciona una nueva y sorprendente prueba de la existencia de una creciente elite de poder clandestina dentro del Pentágono que está emprendiendo una guerra secreta por todas las esquinas del planeta.

El surgimiento del “ejército secreto” del ejército.

Surgido a partir del fallido asalto de 1980 que trató de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán y en el cual murieron ocho soldados estadounidenses, el Mando de Operaciones Especiales estadounidenses (SOCOM, por sus siglas en inglés) se creó en 1987. Una vez que el ejército regular superó el recelo y la escasez de fondos de los años post-Vietnam, las Fuerzas de Operaciones Especiales se encontraron de repente con que tenían casa única, presupuesto estable y un comandante de cuatro estrellas como defensor.

Desde entonces, el SOCOM ha crecido en proporciones alarmantes como fuerza combinada. Está compuesto por unidades de todas las ramas del ejército, incluyendo los “Boinas Verdes” y los Rangers, los SEAL de la Marina, los Comandos de la Fuerza Aérea y los equipos de Operaciones Especiales del Cuerpo de Marines, además de tripulaciones especializadas de helicópteros, equipos de barcos, personal de asuntos civiles, cuerpos de rescate paramilitares e incluso controladores del tráfico aéreo de batallas y meteorólogos de operaciones especiales; el SOCOM lleva a cabo las misiones más secretas y especializadas de los EEUU.

Esas misiones incluyen asesinatos, ataques contraterroristas, misiones de reconocimiento de amplio alcance, análisis de inteligencia, entrenamiento de tropas extranjeras y operaciones de contra-proliferación de armas de destrucción masiva.

Uno de sus componentes claves es el Mando de Operaciones Especiales Conjuntas, o JSOC (por sus siglas en inglés), un subcomando clandestino cuya principal misión es el seguimiento y asesinato de supuestos terroristas. Al presentar sus informes al presidente y actuar bajo su autoridad, el JSOC mantiene una lista negra global que incluye también a ciudadanos estadounidenses. Lleva desarrollando una campaña de “caza y captura” extra-legal que John Nagl, un antiguo asesor de contrainsurgencia del general de cuatro estrellas y próximo director de la CIA, David Petraeus, llama “una maquina de matar contraterrorista de escala casi industrial”.

Ese programa de asesinatos es desarrollado por unidades de comandos como los SEAL de la Marina y la Fuerza Delta del Ejército, así como también mediante ataques de aviones no tripulados, formando parte de las guerras secretas en las que la CIA está implicada en países como Somalia, Pakistán y el Yemen. Además, el comando dirige y controla una red de prisiones secretas, quizá hasta veinte sitios negros, solo en Afganistán, que utilizan para interrogar a objetivos muy valiosos.

Industria en crecimiento

De una fuerza de unos 36.000 miembros a principios de la década de 1990, el personal del Mando de Operaciones Especiales ha crecido hasta llegar a los 60.000, de los cuales una tercera parte son miembros de carrera del SOCOM; el resto tienen otras especialidades ocupacionales militares y van turnándose por todo el Mando.

El crecimiento ha sido exponencial desde el 11 de septiembre de 2001, cuando el presupuesto base del SOCOM casi se triplicó de 2.300 millones de dólares a 6.300 millones. Si se añade la financiación para las guerras en Iraq y Afganistán, actualmente se ha más que cuadruplicado llegando hasta los 9.800 millones de dólares a lo largo de estos años. No es sorprendente que la cifra de su personal desplegado en el extranjero se haya cuadruplicado también. Nuevos incrementos y operaciones ampliadas aparecen por el horizonte.

El teniente general Dennis Hejlik, el anterior jefe del Mando de Operaciones Especiales de las Fuerzas del Cuerpo de Marines –la última de las ramas del ejército en incorporarse al SOCOM en 2006- indicó, por ejemplo, que preveía duplicar su antigua unidad de 2.600 efectivos. “Les veo como una fuerza que un día tendrá unos 5.000 miembros, el equivalente a la cifra de SEAL que hay en el campo de batalla. Entre 5.000 y 6.000″, dijo en un desayuno celebrado en el mes de junio con periodistas del área de la defensa en Washington. Los planes a largo plazo están exigiendo ya que la fuerza aumente en 1.000 efectivos.

Durante su reciente audiencia de confirmación en el Senado, el Vicealmirante de la Marina William McRaven, el entrante jefe del SOCOM y saliente jefe del JSOC (el que mandaba durante el ataque a bin Laden) aprobó una rápida tasa de crecimiento del 3% al 5% en un año, mientras peleaba por lograr aún más recursos, incluyendo más aviones teledirigidos y la construcción de nuevas instalaciones para operaciones especiales.

Un ex SEAL, que todavía en ocasiones acompaña a las tropas al campo de batalla, McRaven, manifestó que pensaba que como las fuerzas convencionales estaban disminuyendo en Afganistán, las tropas de operaciones especiales deberían tener cada vez un mayor papel. Iraq, añadió, saldría beneficiado si las fuerzas estadounidenses continuaban trabajando allí una vez superado el límite de diciembre de 2011 para una retirada total de las tropas estadounidenses. También aseguró al Comité de Servicios Armados del Senado que “como antiguo comandante de la JSOC, puedo decirles que trabajamos muy duro en Yemen y en Somalia”.

Durante un discurso en el Simposio Anual sobre Conflictos de Baja Intensidad y Operaciones Especiales de la Asociación Industrial de la Defensa Nacional celebrado a primeros de año, el Almirante de la Marina Eric Olson, el jefe saliente del Mando de Operaciones Especiales, señaló una imagen de satélite obtenida por la noche. Antes del 11-S, se consideraban zonas claves las porciones iluminadas del planeta –en su mayoría naciones industrializadas del norte global-. “Pero el mundo ha cambiado mucho en la última década”, dijo . “Nuestro enfoque ha cambiado en gran medida hacia el sur… sin duda dentro de la comunidad de operaciones especiales, mientras abordamos las amenazas emergentes desde lugares no iluminados”.

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