Nick Turse
TomDispatch.com
(Traducido por IAR Noticias)
En algún lugar de este planeta, un comando estadounidense está llevando a cabo una misión. Repitan ahora eso mismo setenta veces y ya han hecho bastante… por hoy. Sin que el pueblo estadounidense sepa nada, una fuerza secreta dentro del ejército de EEUU está emprendiendo toda una serie de operaciones en una mayoría de países del mundo. Esta nueva elite de poder en el Pentágono está librando una guerra global cuyo tamaño y alcance no se habían revelado nunca hasta ahora.

Después de que un SEAL [el cuerpo de los Focas] de la Marina de EEUU le metiera una bala en el pecho y otra en la cabeza a Osama bin Laden tras asaltar el recinto donde se hallaba en Pakistán, una de las unidades más secretas de operaciones encubiertas del ejército estadounidense se encontró de repente con que su misión se había convertido en el centro de la atención pública. Algo muy poco común. Aunque se sabe bien que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU están desplegadas en las zonas de guerra de Afganistán e Iraq y cada vez está más claro que esas unidades actúan en zonas conflictivas difíciles, como Yemen y Somalia, la extensión total de su guerra, de amplitud mundial, ha permanecido profundamente oculta en las sombras.
El pasado año, Karen De Young y Greg Jaffe, del Washington Post, informaron de que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban desplegadas en 75 países, subiendo hasta esa cifra desde los 60 que eran a finales de la presidencia de George W Bush. El portavoz del Mando de dichas Operaciones Especiales Tim Nye me dijo que, para últimos de este año, la cifra probablemente llegará a 120. “No paramos de movernos, no se trata solo de Afganistán o de Iraq”, dijo recientemente. Esta presencia global –apropximadamente en el 60% de las naciones del mundo y muchísimo más amplia de lo que anteriormente se reconocía- proporciona una nueva y sorprendente prueba de la existencia de una creciente elite de poder clandestina dentro del Pentágono que está emprendiendo una guerra secreta por todas las esquinas del planeta.
El surgimiento del “ejército secreto” del ejército.
Surgido a partir del fallido asalto de 1980 que trató de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán y en el cual murieron ocho soldados estadounidenses, el Mando de Operaciones Especiales estadounidenses (SOCOM, por sus siglas en inglés) se creó en 1987. Una vez que el ejército regular superó el recelo y la escasez de fondos de los años post-Vietnam, las Fuerzas de Operaciones Especiales se encontraron de repente con que tenían casa única, presupuesto estable y un comandante de cuatro estrellas como defensor.
Desde entonces, el SOCOM ha crecido en proporciones alarmantes como fuerza combinada. Está compuesto por unidades de todas las ramas del ejército, incluyendo los “Boinas Verdes” y los Rangers, los SEAL de la Marina, los Comandos de la Fuerza Aérea y los equipos de Operaciones Especiales del Cuerpo de Marines, además de tripulaciones especializadas de helicópteros, equipos de barcos, personal de asuntos civiles, cuerpos de rescate paramilitares e incluso controladores del tráfico aéreo de batallas y meteorólogos de operaciones especiales; el SOCOM lleva a cabo las misiones más secretas y especializadas de los EEUU.
Esas misiones incluyen asesinatos, ataques contraterroristas, misiones de reconocimiento de amplio alcance, análisis de inteligencia, entrenamiento de tropas extranjeras y operaciones de contra-proliferación de armas de destrucción masiva.
Uno de sus componentes claves es el Mando de Operaciones Especiales Conjuntas, o JSOC (por sus siglas en inglés), un subcomando clandestino cuya principal misión es el seguimiento y asesinato de supuestos terroristas. Al presentar sus informes al presidente y actuar bajo su autoridad, el JSOC mantiene una lista negra global que incluye también a ciudadanos estadounidenses. Lleva desarrollando una campaña de “caza y captura” extra-legal que John Nagl, un antiguo asesor de contrainsurgencia del general de cuatro estrellas y próximo director de la CIA, David Petraeus, llama “una maquina de matar contraterrorista de escala casi industrial”.
Ese programa de asesinatos es desarrollado por unidades de comandos como los SEAL de la Marina y la Fuerza Delta del Ejército, así como también mediante ataques de aviones no tripulados, formando parte de las guerras secretas en las que la CIA está implicada en países como Somalia, Pakistán y el Yemen. Además, el comando dirige y controla una red de prisiones secretas, quizá hasta veinte sitios negros, solo en Afganistán, que utilizan para interrogar a objetivos muy valiosos.
Industria en crecimiento
De una fuerza de unos 36.000 miembros a principios de la década de 1990, el personal del Mando de Operaciones Especiales ha crecido hasta llegar a los 60.000, de los cuales una tercera parte son miembros de carrera del SOCOM; el resto tienen otras especialidades ocupacionales militares y van turnándose por todo el Mando.
El crecimiento ha sido exponencial desde el 11 de septiembre de 2001, cuando el presupuesto base del SOCOM casi se triplicó de 2.300 millones de dólares a 6.300 millones. Si se añade la financiación para las guerras en Iraq y Afganistán, actualmente se ha más que cuadruplicado llegando hasta los 9.800 millones de dólares a lo largo de estos años. No es sorprendente que la cifra de su personal desplegado en el extranjero se haya cuadruplicado también. Nuevos incrementos y operaciones ampliadas aparecen por el horizonte.
El teniente general Dennis Hejlik, el anterior jefe del Mando de Operaciones Especiales de las Fuerzas del Cuerpo de Marines –la última de las ramas del ejército en incorporarse al SOCOM en 2006- indicó, por ejemplo, que preveía duplicar su antigua unidad de 2.600 efectivos. “Les veo como una fuerza que un día tendrá unos 5.000 miembros, el equivalente a la cifra de SEAL que hay en el campo de batalla. Entre 5.000 y 6.000″, dijo en un desayuno celebrado en el mes de junio con periodistas del área de la defensa en Washington. Los planes a largo plazo están exigiendo ya que la fuerza aumente en 1.000 efectivos.
Durante su reciente audiencia de confirmación en el Senado, el Vicealmirante de la Marina William McRaven, el entrante jefe del SOCOM y saliente jefe del JSOC (el que mandaba durante el ataque a bin Laden) aprobó una rápida tasa de crecimiento del 3% al 5% en un año, mientras peleaba por lograr aún más recursos, incluyendo más aviones teledirigidos y la construcción de nuevas instalaciones para operaciones especiales.
Un ex SEAL, que todavía en ocasiones acompaña a las tropas al campo de batalla, McRaven, manifestó que pensaba que como las fuerzas convencionales estaban disminuyendo en Afganistán, las tropas de operaciones especiales deberían tener cada vez un mayor papel. Iraq, añadió, saldría beneficiado si las fuerzas estadounidenses continuaban trabajando allí una vez superado el límite de diciembre de 2011 para una retirada total de las tropas estadounidenses. También aseguró al Comité de Servicios Armados del Senado que “como antiguo comandante de la JSOC, puedo decirles que trabajamos muy duro en Yemen y en Somalia”.
Durante un discurso en el Simposio Anual sobre Conflictos de Baja Intensidad y Operaciones Especiales de la Asociación Industrial de la Defensa Nacional celebrado a primeros de año, el Almirante de la Marina Eric Olson, el jefe saliente del Mando de Operaciones Especiales, señaló una imagen de satélite obtenida por la noche. Antes del 11-S, se consideraban zonas claves las porciones iluminadas del planeta –en su mayoría naciones industrializadas del norte global-. “Pero el mundo ha cambiado mucho en la última década”, dijo . “Nuestro enfoque ha cambiado en gran medida hacia el sur… sin duda dentro de la comunidad de operaciones especiales, mientras abordamos las amenazas emergentes desde lugares no iluminados”.
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