Movimiento 15M: Atención a la guerra psicológica o guerra de cuarta generación


Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
IAR Noticias/ (Obtenido de DESPERTARES)

A) La nueva herramienta manipuladora

En IAR Noticias siempre empezamos la historia por el final.

Nuestro estilo contrainformativo siempre consistió en proyectar y analizar los acontecimientos con un objetivo de anticipación del desenlace, y sin que el árbol de la “coyuntura periodística” (manipuladora del sistema)  tape el bosque de la comprensión general.

En plena euforia mediática de la “revolución democrática” de los “indignados” en España señalamos que se trataba (y más allá de la “buena intención” de sus participantes) de una nueva estrategia de movilización masiva basamentada en un trípode convergente: Internet, teléfonos celulares, y grandes cadenas mediáticas.

Desde su instrumentación casi orgánica  en Medio Oriente y en África con las “revueltas populares” promovidas por la CIA y los servicios aliados, la Internet y los celulares fueron la clave de estas movilizaciones cuyos contenidos y objetivos sólo los conocen sus instigadores ocultos.

O sea los beneficiarios encubiertos (servicios de inteligencia y grupos del poder) que los inducen a través de operaciones de acción  psicológica principalmente en las “redes sociales”. Y que luego se convierten en masivos a través de la difusión a escala global (en vivo y en directo) por las grandes cadenas mediáticas internacionales.

B) La variante española

En realidad, la llamada “protesta de los indignados” en España, es una actualización aggiornada y en otra etapa (con un salto cualitativo informático) del “Cacerolazo” que derrocó institucionalmente a Fernando de la Rúa en Argentina, y de la “rebelión de los jóvenes” que derrocó de la misma manera a Lucio Gutiérrez en Ecuador.

A casi una semana de su nacimiento en España, ya tenemos la primera señal (y el primer emergente) de un beneficiario claro de la “protesta de los indignados” en las urnas: El Partido Popular arrasó electoralmente el domingo al PSOE, el partido en el gobierno.

Así como el “Cacerolazo” argentino (un sucedáneo histórico de las “revueltas populares”)  derrocó  sin un golpe de Estado militar al Partido Radical (gobierno de De La Rúa) e instaló al Partido Justicialista (gobierno de Duhalde) la “protesta de los indignados” ya arrojó claramente un beneficiario en el campo político.

Históricamente, estas herramientas de movilización y protestas masivas como la que está funcionando en España, atacan al “empleado” (los políticos) y preservan los intereses del “patrón” (El Estado y el sistema capitalista), sirviendo  funcionalmente como instrumentos de “golpes democráticos-institucionales” por medio de los cuales los grupos del poder local definen su interna electoral y su guerra por el control del gobierno y del mercado interno.

D) El nuevo teatro de operaciones

Desde el principio situamos claramente la operatoria funcional del nuevo sistema de movilización masiva con las “protestas populares” y señalamos que responde a objetivos diferenciales según el país y el contexto social y político en que se la aplique.

Precisamos que se trata de una nueva herramienta de movilización y manipulación de conducta social (orientado y detonado desde técnicas de guerra psicológica) presentado como si fuera un “fenómeno espontáneo” de las redes sociales en Internet.

No se trata de “ingenuidad militante” ni de nueva “conciencia social” despertada súbitamente, sino de un proceso inducido, estudiado y aplicado desde estrategias y técnicas pulidas de la comunicación de masas que la CIA y los servicios de inteligencia vienen desarrollando en el teatro de operaciones de Internet y de las telecomunicaciones por celular.

Más allá de que se la llame “revuelta popular”, “revolución naranja”, “primavera árabe” o “protesta de los indignados” su estrategia, tácticas operativas y estructuras funcionales no varían en su implementación, salvo el objetivo político  que se amolda de acuerdo a las necesidades locales del país y la sociedad en que se lo aplique.

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