Alexander Sudníshnikov
La Voz de Rusia
Argentina está indignada: “Lamentamos que hasta ahora Gran Bretaña no haya presentado información clara que explique o desmienta los comunicados sobre la dislocación en el área de submarinos capaces de portar armas nucleares”, aduce esta semana el periódico Clarín la declaración del representante de Argentina en la Conferencia sobre Desarme Nuclear en Ginebra Eduardo Zuain.
Pues bien, ¿qué pueden dividir dos estados situados en diferentes hemisferios del planeta? Una paradoja que pasó a ser un hecho histórico. Y desafortunadamente, como las más de las veces ocurre en la historia mundial, con consecuencias trágicas.
La exacerbación de la situación en torno al archipiélago en la parte suroeste del Atlántico llegó a su apogeo en 1982, cuando entre Argentina y Gran Bretaña estalló una guerra por estas islas.
Pasados 31 años, la disputa no amaina, por el contrario, adquiere una agudización extraordinaria. Los ingleses, alentados por la victoria en la guerra, comenzaron en 2010 a explorar yacimientos de hidrocarburos alrededor del archipiélago, lo que llevó a una mayor tensión en las relaciones. La presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner exhortó al primer ministro británico David Cameron a sentarse a la mesa de conversaciones sobre la devolución del archipiélago a los argentinos.


