Ariel Millahüel
Sleepwalkings
En un intento por acotar la participación de la República Islámica de Irán en el territorio latinoamericano, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha firmado el pasado viernes una ley que busca frenar el crecimiento de las relaciones económicas entre las naciones del hemisferio sur del continente americano y la nación comandada por Mahmud Ahmadinejad, con el objetivo de reducir el nivel de influencia de uno de los actuales enemigos de la Casa Blanca en el continente.
La ley en cuestión se denomina Countering Iran in Western Hemisphere [1], que fue elaborada el pasado viernes, y en cierto modo obliga al Departamento de Estado de EE.UU. a preparar en un plazo no mayor a 180 días una estrategia para frenar la “creciente presencia y actividad hostil de Irán” en los países de América Latina, según informa Russia Today.
A pesar de que las estrategias a llevar adelante rondan el camino diplomático, resulta inoportuno pasar por alto que la iniciativa va más allá de tales tratos.
En otras palabras, Estados Unidos ve que Irán se encuentra en la búsqueda de naciones que intenten disminuir la hegemonía de Washington alrededor del mundo, como Venezuela, y ven en la República Islámica un buen punto de partida. Un ejemplo de ello es el aumento de la cantidad de embajadas de la nación árabe, de 5 en 2011 a 11 en el 2012, en países relacionados con ellos en materia económica.
Protección de fronteras y “futuros ataques terrroristas”
Además de la cuestión económica, Estados Unidos entiende que un aumento de la presencia de Irán en el continente significaría, además, un considerable aumento en las posibilidades de que agentes iraníes trabajen en los países que poseen relaciones con la nación persa, y hasta imaginan a facciones de Hezbollah en el terreno.



