Ariel Millahüel
Sleepwalkings
Así lo afirma Conn Hallinan en un artículo escrito para Foreign Policy in Focus, en el cual explica que Washington ha admitido llevar adelante una política militar destinada a América Latina, al menos durante los próximos cuatro años pertenecientes al nuevo mandato de Obama, y que tiene como objetivo “erradicar la pobreza y desigualdad” de la zona.
A pesar de que las invasiones que debilitan totalmente la soberanía de los países latinoamericanos son muy frecuentes, más de lo que se cree (hablamos desde tan lejos como 1823) los medios de comunicación continúan haciendo oídos sordos a tales intervenciones, o se remiten a la justificación de la guerra contra las drogas, a la cual tales movilizaciones no le aportan ningún tipo de solución.
En la actualidad, si hablamos de la milicia norteamericana y sus intervenciones, es posible relacionarlas con algún tipo de interés económico que “desfila” sobre la mente de los especuladores y hombres de negocios de EE.UU..
Lamentablemente, América Latina no queda exenta a la hora de entender el motivo de la instalación de bases militares extranjeras en cada nación. Existen muchos recursos naturales en países como Bolivia, Chile y Argentina, o sectores como la Patagonia, que ya han despertado el interés de otros países colonialistas, entre los que figura Israel. Además, es imposible olvidar la cuestión petróleo, y es allí donde entran en juego Venezuela y Colombia.
Un ejemplo que está a la vista relaciona justamente a Colombia, país que, como el resto de los sudamericanos, sufre constantemente actos de vandalismo, delincuencia y un flujo de estupefacientes que aumentan el miedo de su población.






Mientras el régimen de Israel y Estados Unidos amenazan con atacar militarmente a Irán, bajo el pretexto de frenar sus actividades nucleares, las autoridades de la Casa Blanca están muy preocupadas por el “hormigón inteligente” que protege las instalaciones nucleares iraníes.