Nazanín Armanian
Público.es
En diciembre de 2009, el parlamento iraní denegó la solicitud de John Kerry, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU, para visitar el país por sus “intenciones engañosas”. Incluso el propio Barak Obama había mostrado su disposición para reunirse con su homólogo, Mahmoud Ahmadineyad, si Irán dialogaba sobre sus planes nucleares con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Oportunidad que Irán perdió.
EEUU intensificó la estrategia de la erosión lenta de la economía iraní, consiguiendo que hoy negocie con OIEA, mientras soporta durísimas sanciones económicas que han reducido la exportación del petróleo, su principal fuente del ingresos, de 2,2 millones de barriles por día a la mitad.
John Kerry, hoy Secretario de Estado del nuevo gabinete de Obama, con el lema de “ni un Irán nuclear ni a una guerra contra él”, vuelve a proponer a Teherán encuentros bilaterales de alto nivel e incluso restablecer las relaciones diplomáticas y comerciales.
En la línea de Kerry, el veterano republicano Chuck Hagel, candidato a ocupar el cargo de Secretario de Defensa, se opone al uso de la fuerza militar contra Irán -afirma- por defender los intereses de su país y no los de Israel.
La situación no podría ser más “favorable” para que Irán pusiera de su parte y evite una catástrofe.






Mientras el régimen de Israel y Estados Unidos amenazan con atacar militarmente a Irán, bajo el pretexto de frenar sus actividades nucleares, las autoridades de la Casa Blanca están muy preocupadas por el “hormigón inteligente” que protege las instalaciones nucleares iraníes.