Raul Zibechi
La Haine
Aunque el pensamiento crítico se ha concentrado, quizá excesivamente, en el poder económico, sin visualizar que es el poder duro el que asegura la continuidad de la acumulación de capital.
Hace siglo y medio Karl Marx destacó en una carta a Federico Engels (25 de septiembre de 1857) la importancia del ejército en el desarrollo económico, en las innovaciones técnicas y como precursor de la división del trabajo en la industria, concluyendo que “la historia del ejército muestra (…) la conexión entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales”.
El historiador William McNeill, en su magnífica obra “La búsqueda del poder”, nos advierte que para estudiar “el macroparasitismo entre las poblaciones humanas” (que podría ser asimilado al imperialismo), deben estudiarse en especial “los cambios en los tipos de equipamiento empleados por los guerreros”.
Fiel a su más conocido trabajo, “Plagas y pueblos”, sostiene: “Las alteraciones en el armamento se parecen a mutaciones genéticas de microrganismos en el sentido de que pueden, cada tanto, abrir nuevas zonas geográficas de explotación, o destruir antiguos límites mediante el ejercicio de la fuerza dentro de la propia sociedad que los cobija”. Nada más parecido a una historia de la conquista de América.
La carrera de armamentos ultra sofisticados que lleva adelante Estados Unidos, seguido de lejos por un puñado de emergentes, parece estar buscando esas “mutaciones” a las que alude McNeill, para asegurar y ensanchar la brecha de poder de los más poderosos respecto del resto de la humanidad.


El diseño global militar del Pentágono es el de conquistar el mundo.
Desencuentros EEUU- Pakistán: La Casa Blanca anunció que había congelado unos 800 millones de dólares de ayuda militar a Pakistán, (lo que representa un tercio de los 2.000 millones de dólares que Estados Unidos le entrega anualmente ) y una parte de esta suma sirve para financiar el despliegue de más de 100.000 soldados en el noroeste, en la frontera con Afganistán (donde el ejército paquistaní que se sumó desde fines de 2001 a ” la guerra contra el terrorismo” de EEUU, combate a los rebeldes talibanes aliados de Al Qaida), lo que en realidad es uno más de los desencuentro entre los dos países, desde el asesinato mediático de Osama Bin Laden en Abbottabad (norte de Pakistán) el 2 de mayo pasado.