Protestas en Rusia: Otro ápice de la escalada “silenciosa” de EE.UU. para desestabilizar al país


Ariel Millahüel
Sleepwalkings

Aleksey Navalny, Blogger y uno de los líderes de la oposición financiada por Estados Unidos en Rusia (RIA Novosti / Iliya Pitalev)

A pesar de que Estados Unidos siente la necesidad de interferir de alguna u otra manera sobre Rusia, los intentos que ha realizado hasta el día de la fecha han sido, al menos, de índole silenciosa, al verse desmantelados en el mismo instante en el que toman forman.

Es sabido que el modus operandi dentro de la nación dirigida por Vladimir Putin no puede ser el mismo que el utilizado, por ejemplo, en Siria o Libia, sino mucho más cuidadoso en sus maneras y desarrollo, por lo que las ONG’s respaldadas por el extranjero han entrado en juego, bajo la tutela de occidente (sobre todo EE.UU.) y comandadas por personajes bien entrenados (desde la época de Optor) en materia de movilizaciones sociales, que casi siempre terminan manchadas por la violencia y/o insurgencia de sus líderes.

Vladimir Putin no forma parte de las cartas preferidas de Barack Obama, y eso lo saben hasta los políticos más despistados en materia de relaciones internacionales. Enfrentados actualmente por la cuestión Siria , y en épocas anteriores por Libia o Georgia, entre otras, los ideales de ambas naciones, transmitidos por ambos representantes, no se encaminan a un acuerdo cercano,entonces las diferencias hacen que el Tío Sam actúe por izquierda e invente de la nada a cientos de ciudadanos molestos por la política anti-americana de la nación Rusa.

Actores

Otro ejemplo del intento por desestabilizar al gobierno del Kremlin ha ocurrido en el día de ayer (15 de diciembre) cuando se produjo una suerte de protesta espontánea en las calles de Moscú, por parte de cientos de personas cansadas de la monarquía de Vladimir Putin, o también llamados oposición, que no son más que intelectuales becados en Yale [1] o pupilos mimados por la embajada norteamericana en Rusia [2]

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By U.S. Government (Public domain), via Wikimedia Commons"

El mundo ha sido testigo de un aluvión de movimientos populares que, a priori, buscaban reformas en los sistemas políticos de cada país; varios fueron los investigadores que se adentraron en estas agrupaciones y su historia, llegando a la conclusión que muchos (me incluyo) esperábamos: No había autonomía en ellos, sino una financiación que determinaba el accionar que debían (y podían) llevar a cabo.

Desde multinacionales u ONG’s lideradas por apellidos fuertes (en este caso George Soros) hasta bancos con más poderes que los gobiernos mismos (Goldman Sachs, por ejemplo) los “financiadores” han tenido por objetivo/s, entre otros tantos, ciertos puntos que pueden ser enumarados:

  1. Disminuir las libertades de las personas a través de provocadores infiltrados dentro de los movimientos, que posteriormente terminaron transformando varios actos pacíficos en batallas campales.
  2. Tener voz en países hostiles para la élite (Siria, Rusia, Libia, Túnez, Grecia, etc) con el fin de expandir su injerencia geoestratégica en terrenos que son económicamente útiles, tanto para comercialización como para guerras
  3. Instaurar por completo el Nuevo Orden Mundial, siempre y cuando se concrete la efectivización de  los puntos 1 y 2.

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