Próximamente… La Primavera Latina


Adrián Salbuchi
asalbuchi.com.ar

Un fantasma recorre Latinoamérica…

Celebraciones en la Plaza de Tahrir en El Cairo después de la caída de Mubarak. Wikipedia.

El continente latinoamericano se encuentra transitando violentas convulsiones en muchos frentes. A menudo, esto hace difícil distinguir entre la protesta social genuina y la intervención encubierta extranjera, tal como hoy comprobamos en la mal-llamada “Primavera Árabe”.

A pesar de las muchas décadas de experiencia que tiene Latinoamérica con los golpes de Estado militares orquestados desde afuera, en el mundo actual la “opción militar” quedó descartada.

Demasiado a menudo, los militares locales fueron títeres que funcionaron como gendarmes locales para Estados Unidos durante la Guerra Fría, pero bajo la “globalización” se convirtieron en redundantes y embarazosos.

De manera que, al igual que los años 60 y 70 del siglo pasado vieron un efecto dominó de “golpes militares anticomunistas” en su momento ampliamente aplaudidos por EE.UU. y el Reino Unido; los años 80 a y 90 vieron el regreso de la “democracia” navegando sobre la ola de los “derechos humanos”. En pocas palabras: las botas militares dejaron de estar de moda y los políticos corruptos pero “democráticos” se pusieron muy de moda…

Bajo gobiernos nominalmente “democráticos”, el poder local dejó de administrarse con fusiles y bayonetas, para serlo con toneladas y toneladas de dinero. Ahora que los Dueños del Poder Global se encuentran en plena ejecución de una cambio dramático en las relaciones de poder mundiales, pareciera que Latinoamérica está madura para otro apriete: para una dosis de tratamiento “Primaveral…”

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¿Cómo suecos y noruegos rompieron el poder del “uno por ciento”?


George Lakey
Truthout
(Traducido por Arielev)

Mapa de Escandinavia y el norte de Europa. Wikipedia.

Mientras muchos de nosotros estamos trabajando para asegurar que el movimiento Occupy tenga un impacto duradero, vale la pena tener en cuenta a otros países, en donde las masas de personas lograron sin violencia provocar un alto grado de democracia y justicia económica.

Suecia y Noruega, por ejemplo, ambos experimentaron un importante traspaso de poder en la década de 1930 después de la prolongada lucha no violenta. “Dispararon” ese 1 por ciento de las personas que establecen la dirección de la sociedad y crearon las bases para algo diferente.

Ambos países tienen una historia de pobreza terribles. Cuando el 1 por ciento estuvo a cargo, cientos de miles de personas emigraron para evitar la inanición. Bajo el liderazgo de la clase obrera, sin embargo, ambos países construyeron economías sólidas y exitosas que casi eliminaron la pobreza, la expansión de la educación universitaria gratuita, fueron abolidos los barrios marginales, proveyendo una excelente atención de salud a disposición de todos como una cuestión de derecho y creando un sistema de pleno empleo.

A diferencia de los noruegos, los suecos no encontraron petróleo, pero eso no impidió  la construcción de lo que el último CIA World Factbook llama “un nivel envidiable de vida.”

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In Time, comunismo made in Hollywood : Crítica de la película de Andrew Niccol, Justin Timberlake y Amanda Seyfried


Jon Juanma
CEPRID

Imagen del Film "In Time". Wikipedia.

En “La ideología alemana”, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaban que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época” o lo que es lo mismo que:

La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. 1

En esta reflexión voy a intentar demostrar porqué el filme norteamericano In Time (“A tiempo” o “El precio del mañana”2, de Andrew Niccol actualmente en las carteleras), a pesar de la utilidad general de la citada premisa marxista, es una de las películas hollywoodienses con un mensaje más revolucionario de todas las realizadas hasta la fecha en la historia del cine.

Pero, ¿cómo es posible que Hollywood, la misma industria que ha sido epicentro de gran parte de la propaganda capitalista desde hace casi un siglo, produzca ahora una película blockbuster que sea casi tan revolucionaria como el Manifiesto Comunista? Analicemos y entendamos el fenómeno desde lo que pretende ser una aportación a la teoría marxista de la cultura, la ideología y las industrias culturales. Aportación que en ningún momento pone en cuestión la validez tendencial de la cita reproducida de Marx y Engels, sino que intentará corregir algunas interpretaciones mecanicistas que no hacen sino metahistorizar y empobrecer la herramienta marxista para la revolución social.

Comencemos con el guión de la película: estamos en el año 2161, los humanos han sido modificados genéticamente de tal modo que al cumplir 25 años un temporizador vital visible en sus antebrazos comienza la cuenta atrás, si bien su apariencia física queda atrapada en la juventud a pesar de que puedan vivir longevamente. A partir de ese momento, deben conseguir tiempo si no quieren que el crono llegue a cero y mueran. El tiempo es el dinero del futuro, la nueva divisa que simboliza el valor de cambio. Se gana tiempo trabajando y se pagan los bienes y servicios de la misma forma. De este modo el cronómetro genético se va actualizando a medida que uno desembolsa o ingresa la nueva moneda temporal.

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Rusia: CIA y MI-6 británico buscan canalizar protestas por fraude electoral en su beneficio


By U.S. Government (Public domain), via Wikimedia Commons"

El mundo ha sido testigo de un aluvión de movimientos populares que, a priori, buscaban reformas en los sistemas políticos de cada país; varios fueron los investigadores que se adentraron en estas agrupaciones y su historia, llegando a la conclusión que muchos (me incluyo) esperábamos: No había autonomía en ellos, sino una financiación que determinaba el accionar que debían (y podían) llevar a cabo.

Desde multinacionales u ONG’s lideradas por apellidos fuertes (en este caso George Soros) hasta bancos con más poderes que los gobiernos mismos (Goldman Sachs, por ejemplo) los “financiadores” han tenido por objetivo/s, entre otros tantos, ciertos puntos que pueden ser enumarados:

  1. Disminuir las libertades de las personas a través de provocadores infiltrados dentro de los movimientos, que posteriormente terminaron transformando varios actos pacíficos en batallas campales.
  2. Tener voz en países hostiles para la élite (Siria, Rusia, Libia, Túnez, Grecia, etc) con el fin de expandir su injerencia geoestratégica en terrenos que son económicamente útiles, tanto para comercialización como para guerras
  3. Instaurar por completo el Nuevo Orden Mundial, siempre y cuando se concrete la efectivización de  los puntos 1 y 2.

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La falsa dicotomía de las “Primaveras Árabes”


Ariel Millahüel
Sleepwalkings

De un momento a otro, las movilizaciones alrededor del mundo han “tomado el poder” de las calles; a pesar de sus disparidades evidentes (teniendo en cuenta los distintos contextos socio-políticos a los que se enfrentan y buscan modificar) cada una de ellas tienen en común dos accionares: La manipulación y la violencia desmedida.

Estas protestas sociales, con nombres distintos según la zona del mundo en la que ocurren (OWS, Occupy Together, Primavera Árabe, “Los Indignados”, etc,.etc) tienen como iniciativa demostrar que a través de movimientos populares se puede lograr un cambio político, social y económico; el problema no es el concepto, sino que, generalmente, los “líderes idealistas” de estos grupos son desconocidos para el 90% de las personas que se unen a la causa. Muy pocos saben que tales intelectuales son financiados por think thanks que tienen como objetivo reducir las libertades en occidente y apoderarse de Medio Oriente y sus riquezas, así como eliminar sin reparo alguno a los insurgentes (sic) de cada de zona de conflicto.

Mientras escribo este artículo, la violencia en varias de estas protestas está generando un efecto dominó en las políticas de cada nación partícipe:

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10 Ejemplos de cómo la élite se burla de los más pobres


The Economic Collapse
(Traducido por Arielev)

No hay absolutamente nada malo en trabajar duro y hacer un montón de dinero, pero hay algo malo en ser totalmente arrogante y presumido por ello. Hoy en día, gran parte de la élite se  burla salvajemente de los pobres, y esto es un gran error. Usted no debe patear a la gente cuando están abajo. Hay decenas de millones de estadounidenses que están profundamente frustrados por la pérdida de sus casas, empleos y apenas son capaces de sobrevivir en esta economía. Estas frustraciones han sido una de las principales razones para el surgimiento del movimiento Tea Party y  del movimiento Occupy Wall Street.

Lo que estos movimientos tienen en común es que la gente en ambos movimientos están enfermos y cansados ​​de la situación actual, y quieren que se haga algo acerca de nuestro sistema quebrado. Hay un gran número de familias que prácticamente han llegado casi al final de sus cuerdas. En lugar de mostrar compasión, muchos de los ultra-ricos han decidido que es gracioso burlarse de los pobres y de los que están sufriendo. Entonces, ¿cómo van a responder todos estos manifestantes ante la actitud “Let Them Eat Cake” (Déjalos comer pastel) de la elite de Wall Street?

A los manifestantes se les dice que no hay nada que puedan hacer para cambiar las cosas y que deberíamos estar agradecidos por lo que Wall Street y los ultra-ricos han hecho por nosotros. Se trata esencialmente de decirles que sólo deben callarse y volver a casa. Así que ¿vamos a ver cómo  estos movimientos de protesta se desaniman y apagan, o la actitud condescendiente de los tantos en la élite sólo las inflamará aún más?

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Portugal, al borde de la revuelta popular


Sófocles
Kaosenlared

Tras las elecciones generales en Portugal (15 de Junio 2011) el gobierno actual, formado por una coalición de derecha y extrema-derecha, ha dado un giro salvaje a la política del país, implantando un programa de neoliberalismo económico sin precedentes y recortando los derechos laborales. El rescate de la UE, BCE y el FMI de 78000 millones a cambio de unas políticas de austeridad, que en la práctica suponen una agresión a todos los portugueses, está llevando al pueblo portugués a la miseria y la desesperación. En Portugal 2.000.000 de ciudadanos, de los 10 millones de habitantes, viven por debajo del umbral de la pobreza, la miseria y el hambre se han instalado en los hogares, acrecentado todo ello por el aumento constante del desempleo y la subida del IVA al 23 % de todos los productos básicos.

El primer ministro  ha llegado a afirmar, para justificar el terrorífico programa de austeridad, que los responsables de la crisis son los trabajadores, que han vivido por encima de sus posibilidades, que son incapaces de encontrar empleo (y por ello recurren al subsidio de desempleo),   es decir que los que tienen que pagar la crisis, la bancarrota del país son los trabajadores y las clases populares, en vez de los banqueros y la burguesía, auténticos responsables de la situación.

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La fábula del jugador de fútbol y otros cuentos de terror de Bahréin


Mónica G. Prieto
PeriodismoHumano

Sayed Mohamed Adnan era un niño mimado del deporte bahreiní. La estrella del fútbol local sólo daba alegrías a la población y a su régimen: en sus 79 partidos había marcado 13 goles para el equipo nacional, y en 2009 había sido declarado Futbolista Asiático del Año. Pero caer en desgracia en la dictadura de la dinastía Al Khalifa, en el poder desde 1783, es tan sencillo como pedir libertad. Adnan fue expulsado de su equipo tras ser acusado de organizar a los atletas contra el régimen en las manifestaciones de febrero. Cuando comenzaron a buscarle, decidió alejarse de su país para proteger a su familia. “No me da miedo que me detengan. Mi mujer y mi hijo son felices (aquí). Me siento seguro en Australia”.

Sayed Mohamed Adnan durante un partido (AP Photo)

En mayo, Adnan pasó de ser una estrella de fútbol a ser un refugiado. Aprovechó un viaje para visitar a sus familiares y decidió quedarse en Brisbane tras ser advertido de que las fuerzas de Seguridad le estaban buscando. Su padre fue detenido e interrogado sobre su paradero, su hermano escapó durante unos meses a Qatar. “Mis compañeros fueron torturados para decir que yo organicé la marcha, tal como le ocurrió a Ali Saeed”, explicó en declaraciones al diario libanés Al Akhbar, en referencia al portero del equipo nacional, obligado a confesar en público.

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¿Universidades públicas o privadas? Noam Chomsky y las aristas del conflicto educativo


Pijamasurf

Hace pocos días Noam Chomsky, el renombrado lingüista del MIT, examinó durante una plática en la Universidad de Toronto el dilema entre el financiamiento público o privado para las universidades y los muchos intereses que intervienen en este conflicto.

Las recientes protestas estudiantiles en Chile (y antes las de Inglaterra e Italia) nos obligan a preguntarnos por la función que el Estado está obligado a cumplir en esa área tan importante para el bienestar común que es la educación. En los últimos años y como resultado de la adopción de políticas que privilegian a las élites acaudaladas, gobiernos en distintas partes del mundo han intentado “aliviar” al sector público de la supuesta carga que representan las universidades, nivel de la formación académica que aparentemente consideran oneroso y superfluo y, sobre todo, de inconveniente subvención pública. Para estos nuevos gobernantes quien quiera su título universitario debe pagarlo íntegramente de su propio bolsillo.

Sin embargo, sabemos bien que la educación universitaria se ha convertido en un lucrativo coto prácticamente inaccesible para las clases medias —a menos que pidan ayuda al chacal y se sirvan de créditos bancarios. Contradictoriamente, todos esos jóvenes que buscan continuar su formación han cumplido ya con todos los niveles anteriores, no son unos advenedizos y muchas veces son también resultado del esfuerzo familiar o incluso generacional que en ellos parece tener un primer triunfo. ¿Qué hacer cuando la universidad les cierra las puertas o las abre solo a cambio de que hipotequen los siguientes 20 o 30 años de su vida?

Hace pocos días el afamado lingüista y activista intelectual Noam Chomsky, académico del MIT, ofreció una plática en la Universidad de Toronto en Scarborough donde examinó este problema.

Entre otras cosas Chomsky destacó el hecho de que la privatización de la universidad pública «significa la privatización para los ricos [y] un nivel más bajo de formación más bien técnica para el resto». En Estados Unidos la tendencia es que las universidades públicas reciban cada vez más ingresos por la matrícula estudiantil y menos por la contribución del Estado, con lo cual, eventualmente, solo los “community colleges” —«el nivel más bajo del sistema»— recibirán dinero público para su manutención. Y quizá al final ni siquiera estos.

Sin embargo, como bien hace notar Chomsky, este no es un asunto económico, sino político y de control social. Chomsky suscribió el análisis en el que Doug Henwood, especialista en economía, asegura que para volver completamente gratuita la educación superior en Estados Unidos bastaría con destinar a las universidades menos del 2% del Producto Interno Bruto del país —lo equivalente a casi un tercio de los ingresos que perciben los 10,000 hogares más ricos en EEUU, tres meses de gastos del Pentágono o poco menos de cuatro meses de costos administrativos del sistema de salud privado.

¿Entonces? ¿Por qué no se implementa la gratuidad en las universidades? ¿Por qué con esos niveles de riqueza y gasto público en otros rubros contra el bajo monto que requeriría la educación gratuita esta se deja de lado e incluso se le intenta desaparecer?

Si tomamos en cuenta que gastos como el militar o el de la salud enriquecen a unos cuantos de por sí enriquecidos y la educación es un asunto de mayorías, las anteriores interrogantes se aclaran un poco: «En una democracia en que las elecciones son esencialmente compradas por las concentraciones de capital privado, no importa lo que el público quiere. De hecho, el público ha estado a favor de que aquello durante mucho tiempo, pero todos ellos son irrelevantes en una democracia correctamente administrada».

La investigación efectuada en las universidades, nos dice Chomsky, corre una suerte parecida. Si se deja de desarrollar tecnología en las universidades, se tiende a la división de la sociedad en dos estratos clara e implacablemente diferenciados, caracterizados por la «concentración muy limitada de la riqueza y el estancamiento para casi todo el resto».

Paradójicamente, esta intención de rescindir al Estado de sus obligaciones para con la educación solo mina la capacidad de Estados Unidos como potencia ahora que la llamada “economía de alta tecnología” se basa, sobre todo, en mano de obra calificada e innovación creativa. Pero, a decir de Chomsky, pareciera que en los últimos años «hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo de Estado en la que el futuro no importa tanto. Las ganancias provienen cada vez más de manipulaciones financieras. Las políticas corporativas están orientadas hacia el beneficio a corto plazo, reduciendo la preocupación por la fidelidad a una empresa para un período largo».

Si estos planes se cumplen en su totalidad y el Estado deja de financiar la educación superior, sin duda las universidades corren un grave peligro, al menos el modelo tradicional de las universidades como «instituciones parasitarias que no producen bienes con fines de lucro». Y si bien el financiamiento estatal parece, de inicio, abrir una fisura por la cual el poder del gobierno dirija y coarte la libertad de cátedra o investigación, lo cierto es que al menos en las década de 1960 y 1970, cuando el Pentágono invertía cantidades considerables de dinero en las universidades, pesquisas posteriores revelaron que su intromisión era prácticamente nula.

En años recientes, sin embargo, la inversión militar en las universidades estadounidenses poco a poco ha sido desplazada por la de instituciones de salud ligadas todavía al Estado. Según Chomsky, esto no es sino un efecto de la economía contemporánea. Antes, en los 50s y los 60s, «el Pentágono fue una vía natural para robar el dinero de los contribuyentes, haciéndoles creer que así los protegían de los rusos o de cualquiera, y dirigirlo en cambio a las ganancias de las corporaciones».

Ahora la economía «se basa cada vez más en la biología. Por lo tanto, la financiación está cambiando»: ingeniería genética, biotecnología, farmacéutica. Sin tener un análisis serio que lo respalde, este cambio en los patrones de financiamiento parece confirmar lo que Chomsky asegura sobre la nueva característica del capitalismo que impera últimamente, la que mira poco o nada por el futuro y se preocupa solo por la ganancia inmediata: a diferencia de la perspectiva del Pentágonos hace cincuenta años, las actuales inversiones provenientes del sector salud para la investigación biológica privilegian «la investigación aplicada y menos la exploración de lo que podría llegar a ser interesante e importante en el futuro». Recordemos que, en cierta forma, el dinero del Pentágono puesto en las universidades estadounidenses hizo posible las computadoras, Internet y la llamada “revolución tecnológica”, un poco sin que nada de eso fuera su propósito central.

Sin duda el dilema entre el financiamiento público y el privado genera a su vez otras contrariedades y dudosos beneficios. Mayor reserva en las investigaciones y sus resultados, amenazas a la independencia y libertad de la actividad académica y la integridad de la institución financiada, la paulatina conversión de la universidad en una corporación supeditada a los criterios de la eficacia que no necesariamente son válidos al interior de la vida universitaria —a propósito de esto último Chomsky imagina el siguiente escenario: supongamos que quitamos a los profesores de tiempo completo y ponemos en su lugar estudiantes de posgrado: una buena medida para el presupuesto de la universidad, pero con costos significativos difícilmente mesurables en términos, sobre todo, de calidad educativa, mismos que terminan absorbiendo los estudiantes y al final la sociedad entera.

En efecto: ¿cómo medir el impacto y las consecuencias humanas y sociales de que las escuelas dejen de ser tales para convertirse en instalaciones productoras de mercancías para el mercado laboral? «Generar pensamiento creativo e independiente y creencias críticas y desafiantes, explorar nuevos horizontes y olvidar la restricciones externas. Todo eso es un ideal que sin duda se ha revelado deficiente en la práctica, pero en la medida en que se desarrolló dio cuenta del nivel de civilización alcanzado».

Chomsky, como vemos, está lejos de solucionar el problema. Su análisis deja más preguntas que respuestas —y quizá esto sea buena señal. Nadie, a solas, podría ser árbitro en esta arena de la educación en la que intervienen tantos oponentes y alguno que otro aliado. En nuestro tiempo el dilema entre el financiamiento público o privado para las universidades se complica todavía más si consideramos, como lo hace Chomsky, que «se trata de dos fuentes que no son fáciles de distinguir debido al control que intereses privados tienen sobre el Estado».

[Alternet]

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