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Roberto Mérida Fernández

Bandera de la Liga Árabe. Wikipedia
A finales de Agosto, la situación militar daba un vuelco en Libia, con las tropas de milicianos rebeldes avanzando por el sur, desde el desierto hasta Trípoli.
Es innegable el carácter popular de esta revuelta, al margen de las pretensiones de controlarla y desviarla, por parte del imperialismo.
Desde los primeros días de las protestas, masas de manifestantes desarmados llenaron las calles de Trípoli y las principales ciudades del país, exigiendo la ruptura democrática y la caída del gobierno. Éste, temeroso de los precedentes de Egipto y Túnez, ordena al ejército disparar contra la población, provocando la deserción de un sector.
Ante la necesidad de defenderse, las masas se levantaron, tomando armas de los cuarteles, con ayuda de los sectores desertores del ejército, y defenestran a la autoridad local, tomando el control en más de 3 cuartas partes del país, constituyendo milicias, o guardias urbanas, y estableciendo en su lugar, en algunos sitios, Comités Populares.
A su vez, varias tribus del Este y del Oeste, terminan por sumarse en masa a la revuelta, y los enfrentamientos se extienden durante días a la capital, Trípoli. En el momento álgido de la revuelta, el régimen, no llega a controlar más de un tercio de la capital, y algunos bastiones de fieles, como Sirte.
Pero el hábil repliegue de tropas, y la superioridad económica y militar facilitada por años de colaboracionismo con Occidente, junto con la importación de armamento de última generación por puente aéreo desde Argelia y Siria, y de un ejército de mercenarios extranjeros, desde los países del sur, le permiten ir ganando terreno, afianzando su control sobre la capital y numerosas ciudades del centro y Oeste del País, avanzando luego, hacia el Este. Rápidamente, la rebelión se territorializa, y Bengazi es constituida como capital de la revuelta.
Esta revolución representa, por tanto, un paso más en la dinámica de la Primavera Árabe, ya que, desde sus primeros días, planteó el problema de la insurrección popular armada.
Ahora, el imperialismo y la burguesía desplazada del régimen, tratan de arrebatar a las masas los frutos de esta revuelta.
El gobierno del CNT es un gobierno formado, principalmente, por sectores de la antigua burguesía desplazada por el régimen, así como por excrecencias del régimen de Gaddâfî. Desde el comienzo han contraído acuerdos comerciales con el sector intervencionista de la OTAN, a cambio de su ayuda militar en forma de bombardeos aéreos. Es un gobierno continuista, que no se diferencia en nada de las nuevas Juntas Militares y Gobiernos Provisionales de Egipto y Túnez, compuestas por destacados miembros del anterior régimen, que colaboran con la burguesía imperialista extranjera.
La intromisión de la OTAN, representa, pues, un peligro para el desarrollo autónomo de un proceso revolucionario.
Es un gobierno que cuenta con el apoyo abierto del sector intervencionista de la OTAN que ve, como imparable, la caída de Gaddâfî, y aspira a un reparto más favorable de los beneficios en las exportaciones petroleras, y que ha prometido mantener el ritmo en las exportaciones petroleras, y las inversiones de multinacionales extranjeras. Es un gobierno que, desde el principio, ha comenzado a crear una enorme distancia con los intereses populares, al dar cobertura a la intromisión de la OTAN en el desarrollo de la guerra y los asuntos del país.
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