Guerra imperialista en Afganistán suma más de 100 mil muertos civiles


Armando Reyes Calderín
La Haine

La “Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad” (ISAF), liderada por la OTAN, Estados Unidos y Reino Unido, considera a la mayoría de esas víctimas como daños colaterales e incluso se niega a entregar a la jurisdicción local, a los militares que han violado las leyes afganas.

De 2004 a 2012, esa coalición que integran una cincuentena de países ha realizado más de 350 incursiones aéreas con un saldo de casi dos mil muertos que no figuran en las estadísticas de los organismos internacionales.

E incluso, por política interna de ISAF, se mantienen en secreto las nacionalidades de las bajas pertenecientes a esa entidad militar y los lugares exactos de las acciones.

El portavoz de la Misión de la ONU en Afganistán (Unama), Nazifullah Salarzai, reveló en esta capital que en el último cuatrimestre se incrementaron en 28 por ciento los muertos por el conflicto existente en este país centroasiático.

Según el vocero, al menos 967 civiles perdieron la vida en ese período, mientras otros mil 590 recibieron heridas, como resultado de explosiones de bombas en la calle o ataques suicidas, pero no se refirió a las víctimas de las incursiones de los militares de ISAF.

Las operaciones aéreas de las fuerzas militares internacionales causaron la mayor cantidad de muertos y heridos en la población civil entre todas las tácticas utilizadas por las fuerzas que respaldan al Gobierno de Kabul.

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From Indochina to Afghanistan, Why America’s Crimes Continue


John Glaser
Antiwar

Something like 600,000 civilians were killed in America’s 11-year secret bombing campaign in Cambodia during the Vietnam War. From 1964 – 1975, the U.S. rained giant explosives from the sky, destroying the country and leading to the terrible Khmer Rouge, an authoritarian regime responsible for the deaths of well over a million people. Via Joshua Keating, Taylor Owen has been the primary researcher digging into the declassified files of the bombing campaign and has for years been expanding our picture of it. Here is a mapping of the terrorism:

The outrageous, senseless, criminal war in Indochina, directly responsible for the deaths of perhaps over 3 million people, is probably a good indicator of how the war in Afghanistan will be treated in the coming years and long after it is over. Frankly, the war in Indochina was far worse than what Washington has committed in Afghanistan by any metric. But after this latest sadistic massacre of 17 civilians by U.S. Staff Sgt. Robert Bales, it’s worth considering the parallels in the dialogue of what are obvious acts of murder and aggression by the U.S. in Afghanistan and Indochina.

First, there will be total legal and moral immunity granted to the people in Washington who have crafted and perpetuated the bloody war policies in Afghanistan. Like Henry Kissinger, who drew up plans for the terrorist bombing in Cambodia, these people will live long lives of fame and fortune and esteem without fear of being held accountable for killing innumerable innocents.

Second, we can expect the legacy of the war in Afghanistan to be that it was largely a mistake, despite the best intentions of Washington. The “mistake” part, though, will be framed in terms of the costs borne by America, not by our victims. Robert Bales will not be remembered, nor will the names of those he slaughtered in cold blood. The number of U.S. casualties will be known, but certainly not those of Afghans.

This rule generalizes throughout all of America’s wars. In the eyes of the public, U.S. foreign policy is inherently virtuous and benevolent, at least in its aims. That public officials can commit crimes against humanity and suffer no moral or legal consequences and that the public never views America’s wars from the point of view of our victims both ensure such policies will be repeated in the future.

 

Desentrañando los planes de Estados Unidos en Afganistán


Najmuddin A. Shaikh
Strategic Culture Foundation
(Traducido por Arielev)

Soldados estadounidenses de la Fuerza Delta camuflados como civiles afganos. "Dalton Fury". Wikipedia.

Durante las últimas semanas, las noticias de Afganistán han sido desalentadoras. Videos que muestran soldados estadounidenses orinando sobre los cadáveres de los insurgentes talibanes afganos, limpieza en seco en la base aérea de Bagram al descubrir que los soldados estadounidenses estaban quemando copias del Corán, las manifestaciones posteriores e incluso disturbios en las ciudades afganas en las que 30 afganos murieron y 200 resultaron heridos, una habilitación de seguridad de oficiales afganos mató a dos altos funcionarios militares estadounidenses en la parte más segura del Ministerio del Interior afgano, todos los funcionarios de la OTAN a continuación, se retiraron de las oficinas de Afganistán, con lo que gran parte del trabajo de formación y desarrollo fue un punto muerto; a un soldado estadounidense en solitario, el sargento Robert Bales se le encomendó la tarea de entrenar a la Policía Local en un pueblo afgano de Kandahar, participando en ese pueblo en un gran tiroteo, matando a 16 personas, 9 de ellos mujeres y niños.

Esta serie de eventos, cada uno importante en sí mismo, pero teniendo consecuencias catastróficas en la totalidad de sus efectos, han exacerbado casi hasta el punto de ruptura  la tensión entre Karzai y el gobierno de Obama, entre las fuerzas de seguridad afganas nacionales y fuerzas de la OTAN y quizás lo más importante, entre el pueblo afgano y las fuerzas de la OTAN, en particular en la insurgencia montada en el Sur y Este del país.

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