Washington, el Opus Dei y el Papa “anticomunista”
Eliminado (por “muerte súbita”) el Papa Luciani, y con la promoción del polaco Wojtyla al trono de Pedro se favoreció, “casualmente”, la salida que buscaban el Opus Dei y otros movimientos integristas vinculados a la mafia italo-norteamericana para seguir expandiendo su control sobre el cuerpo corrupto de la plana mayor del Vaticano.

Cuatro años después, el Opus Dei y sus socios de la ultraderecha clerical vieron disiparse el último nubarrón con la desaparición de Giovanni Bennelli , el último opositor a la influencia creciente de la organización de Escrivá con sus redes mafiosas extendidas hasta Washington.
Tras la muerte de Luciani, Juan Pablo II alcanza la jefatura del Vaticano en el año 1978, en pleno desarrollo de la Guerra Fría por áreas de influencia entre Washington y Moscú.
El perfil “anticomunista” de Wojtyla, su apostolado “anti-rojo” en Polonia, calzaba a la medida de los intereses de Washington y de las mafias financieras y de las drogas que hacían sus negocios con los gobiernos ultraderechistas embarcados en la “guerra contra el comunismo”, tanto en América Latina como en el resto de los llamados países del Tercer Mundo.