Daria Mánina
La Voz de Rusia
En Noruega han encerrado en una cámara de tres habitaciones con un gimnasio y un biblioteca al asesino más brutal de la década. El juicio contra el nacionalista Anders Breivik fue el principal proceso judicial del año 2012.
Un año antes, este joven perpetró un atentado terrorista en el centro de Oslo, y después protagonizó un tiroteo en un campamento estudiantil del gobernante Partido Noruego del Trabajo.
Un total de setenta y siete personas murieron a manos del delincuente. Breivik reconoció totalmente su culpa, pero subrayó que no podía actuar de otra manera. ¿Qué otra cosa se puede esperar más adelante: una epidemia de asesinatos o el endurecimiento de las medidas de seguridad en el mundo?
La operación del terrorista noruego fue planeada con antelación. Pero lo que más preocupaba a Breivik era si sería declarado culpable. O sea, según la lógica del asesino, si tomarían en serio su mensaje. Este delito “es una advertencia para los traidores del gobierno”, explicó el terrorista.
Lo que Breivik en realidad quería era advertir sobre las consecuencias de la islamización de Occidente. Según la opinión del nacionalista, el multiculturalismo está aniquilando a Europa.
Precisamente por ello el golpe estuvo dirigido a la joven generación de políticos. Igor Jojlov, analista militar, nos explica por qué al noruego no fue declarado enfermo mental, a pesar de su sangre fría y absoluta crueldad:
—El peritaje médico forense que se realiza con relación a personas que hayan cometido tal tipo de delito no pretende definir si ésta persona es normal o no. Lo que pretende definir es si se daba cuenta de sus acciones cuando realizaba el delito, para con ello demostrar su culpabilidad. O sea, si a una persona la juzgan por delito con fuerza, esto no significa que sea psíquicamente saludable.






