Benedicto XVI, la OTAN y el neoliberalismo


Ernesto Wong Maestre
Barómetro Internacional* / Rebelión

Bandera de la OTAN. Wikipedia.

Pudiera afirmarse que desde hace casi cuatro años, con la rebelión de los obispos africanos en el II Sínodo de Obispos para África, la crisis de las estructuras impuestas por el Estado Vaticano a la Iglesia Católica a nivel mundial saltó a una nueva fase que pudiera estar culminando ahora con la renuncia del Papa Benedicto XVI para abrir otra fase que deberá afrontar el próximo Papa y jefe del Estado de mayor riqueza per cápita del mundo.

La renuncia de Benedicto XVI o Joseph Aloisius Ratzinger más que una separación anormal y, para algunos, sorpresiva por ser el cuarto caso de la historia papal (1) de una renuncia al máximo poder eclesiástico, es una expresión particular de las insalvables contradicciones del mundo capitalista y del nuevo mundo socialista que brota de las entrañas de los pueblos, sean cristianos, animistas, musulmanes, budistas o taoístas.

Ya desde aquel II Sínodo de obispos africanos en octubre del 2009 que llamó mi atención y sobre el cual escribí un artículo, dando cuenta de lo que consideré una “rebelión de los obispos africanos”, avizoré que estábamos a las puertas de una nueva fase crítica de la Iglesia Católica y concluí afirmando que en ese inicial, “álgido y relevante debate en el II Sínodo de Obispos sobre África (…) pudiera preverse que se darán más fuertes debates, considerando, por un lado, las líneas dadas por Benedicto XVI, por otro, las contradicciones internas-externas sociales e institucionales, y por otro lado, las claras denuncias de obispos de países africanos influyentes”.

Uno de ellos, el arzobispo de Ouagodougoy en Burkina Faso, Philippe Ouedraogo, manifestó que África rechaza las prácticas “legalmente reconocidas en Occidente” y acusó a los medios de comunicación occidentales de intentar imponer el “pensamiento único” de Occidente.

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Una cruzada del mundo moderno


Nikolai Malishevski
Strategic Culture Foundation
(Traducido por Arielev)

Póster de la organización “Luchando por Solidaridad”, modelado a partir del emblema “Kotwica” de la Segunda Guerra Mundial. Wikipedia.

El evento crucial en la historia moderna tuvo lugar en la Ciudad del Vaticano hace tres décadas, el 7 de junio de 1982, cuando presidente de EE.UU., R. Reagan – en particular, hijo de un irlandés que era un devoto católico romano – se reunió con el Papa Juan Pablo II, nacido en Polonia como Karol Józef Wojtyła. La conversación, que tuvo poco menos de una hora, giró en torno a Polonia y la dominación soviética en Europa del Este.

En la línea de fondo, el Presidente de los EE.UU. y el Papa llegaron a un acuerdo “para llevar a cabo una campaña clandestina para acelerar la disolución del imperio comunista”. “Esta fue una de las grandes alianzas secretas de todos los tiempos” , dice el primer Asesor de Seguridad Nacional de Reagan, Richard Allen.

Para confirmar la fidelidad de la alianza, al día siguiente el presidente Reagan anunció una “cruzada” contra “el imperio del mal” en un discurso programático que pronunció en Londres. Su paso siguiente fue simbólico para designar a 1983 como el Año de la Biblia durante el Desayuno de Oración Nacional anual.

Evidentemente, en respuesta, Juan Pablo II, pronto recibió a 200 miembros de la Comisión Trilateral, casi la totalidad del grupo parapolítico – en el Vaticano. En general, lo que puso en marcha la cruzada fue concebido como una nueva versión de la anti-eslava de 1147  bendecida por el Papa Eugenio III.

Polonia se convirtió en el país central de la intriga. Reagan y el Papa Juan Pablo II compartieron la opinión de que, por el masivo respaldo del movimiento Solidaridad, que fue prohibido en Polonia al momento, EE.UU. y el Vaticano en conjunto sean capaces de derrocar al gobierno polaco y de arrancar al país del bloque de la Unión Soviética.

Una extensa red fue construida en Polonia para apuntalar a Solidaridad, y los recursos de la CIA, la National Endowment for Democracy, y los fondos secretos del Vaticano, comenzaron a fluir en las manos de la oposición polaca. Por el lado de EE.UU., un papel clave en la campaña fue tomado por el director de la CIA, W. Casey, y el ex Comandante Supremo Aliado en Europa, A. Haig. Ambos eran conocidos como Caballeros de Malta, además, el hermano de este último era un jesuita de alto rango.

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Los secretos de Wojtyla; CIA, Washington y Opus Dei (Parte III) Final


Washington, el Opus Dei y el Papa “anticomunista”

Eliminado (por “muerte súbita”) el Papa Luciani, y con la promoción del polaco  Wojtyla al trono de Pedro se favoreció, “casualmente”, la salida que buscaban el Opus Dei y otros movimientos integristas vinculados a la mafia italo-norteamericana para seguir  expandiendo su control sobre el cuerpo corrupto de la plana mayor del Vaticano.

Cuatro años después, el Opus Dei y sus socios de la ultraderecha clerical vieron disiparse el último nubarrón con la desaparición de Giovanni Bennelli , el último opositor a la influencia creciente de la organización de Escrivá con sus redes mafiosas extendidas hasta Washington.
Tras la muerte de Luciani, Juan Pablo II alcanza la jefatura del Vaticano en el año 1978, en pleno desarrollo de la Guerra Fría por áreas de influencia entre Washington y Moscú.
El perfil “anticomunista” de Wojtyla, su apostolado “anti-rojo” en Polonia, calzaba a la medida de los intereses de Washington y de las mafias financieras y de las drogas que hacían sus negocios con los gobiernos ultraderechistas embarcados en la “guerra contra el comunismo”, tanto en América Latina como en el resto de los llamados países del Tercer Mundo.

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Los secretos de Wojtyla; CIA, Washington y Opus Dei (Parte II)


La “Santa Mafia” y la CIA
No bien asumió su apostolado el Papa Juan Pablo I (Albino Luciani) , elegido en ese mismo año 1978, había decidido que la Iglesia no debía entrometerse en asuntos políticos, y pretendía despegar al Vaticano de la trama del dinero sucio que ingresaba por vías de la política italiana, principalmente de la democracia cristiana, que tradicionalmente se valió del Vaticano para acceder al gobierno.
Según denuncia el periodista alemán Jürgen Roth, desde 1983,

“Bettino Craxi, ex presidente italiano socialista, también fue corrompido con millones de dólares de la P2. De acuerdo con los planes de la P2, en sus cuatro años en el cargo aseguró mediante decretos del Gobierno, entre otras cosas, el imperio mediático del miembro de la P2, Silvio Berlusconi”, hoy en la riendas del gobierno italiano.

William Colby, jefe de la CIA entre 1973 y 1976, declaró en sus memorias que,

“la mayor operación política asumida por la CIA fue prevenir el avance comunista en Italia en las elecciones de 1958, impidiendo así que la OTAN fuese amenazada políticamente por una quinta columna subversiva: el PCI”.

Un documental de la BBC revela los testimonios del general Vernon Walters, ex subdirector de la CIA, y de Richard Allen, que fuera titular Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Reagan.
Walters describe cómo el Papa Juan Pablo II formó una alianza con la CIA y con la Casa Blanca, mientras Allen puntualiza la función colaboracionista que desempeñó el jefe del Vaticano dentro del sistema capitalista global liderado por EEUU. Asociación considerada como la mayor alianza secreta de todos los tiempos por un conjunto de expertos.
El documental de la BBC, Rivales para el Paraíso, también describe las oscuras negociaciones entre el Vaticano, Hitler y Mussolini, presentadas como un acuerdo para “detener al comunismo”, por el cual la Iglesia Católica se hizo cómplice silenciosa de la invasión a Polonia y de la matanza de judíos realizadas por el nazismo.

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Los secretos de Wojtyla; CIA, Washington y Opus Dei (Parte I)


Cómo llegó al poder de Roma el Papa Juan Pablo II. Cuál fue el papel de Washington, la CIA, la ultraderecha clerical y la mafia italo-norteamericana en su designación y en la muerte del Pontífice que lo precedió. Cómo se ligan los intereses estratégicos de EEUU con su papado, y cuál fue el rol del Vaticano en la financiación del aparato paramilitar que asesinó y torturó a militantes y a sacerdotes católicos rebeldes en Latinoamérica. Cómo se inserta el Opus Dei en la estructura del poder clerical de Roma, y cuál era el escenario de poder real que se movía detrás del “Papa mediático” mitificado y endiosado por los gobiernos y las multitudes.

 

Luciani: el Papa que debía morir

El ascenso al sillón de Pedro de Albino Luciani, en 1978, con sus postulados “renovadores” representó un golpe inesperado para los sectores más ultra-reaccionarios -vinculados con Washington, el Opus Dei, la mafia y el lavado de dinero-  que recorrían los pasillos vaticanos intrigando para imponer al conservador arzobispo genovés Giussepe Siri.
Juan Pablo I, un “revolucionario” de la Iglesia Católica, según los “vaticanistas”, fue el primer Papa con dos nombres, gesto que adoptó para honrar la memoria de sus dos predecesores, Juan XXIII y Pablo VI.
La apertura de la Iglesia hacia su “izquierda renovadora” produjo los pontificados de Juan XXIII y de Pablo VI, y amenazaba su continuidad expansiva con el apostolado de Albino Luciani, que chocaba con los intereses entronizados de la cúpula del poder mafioso encaramado en el Vaticano, de los cuales se valía Washington para irradiar sus estrategias de expansión en el seno de la Iglesia Católica.

Contrariamente a lo que pronosticaban los conocedores de las intrigas vaticanas, Luciani accedió a la jefatura de la Iglesia Católica en 1978, por encima del polaco Wojtyla al que, muchos, incluido el propio Luciani, consideraban número puesto como futuro Papa impuesto por el establishment del poder curial.

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