Nil Nikandrov
Strategic Culture Foundation
Traducido para el CEPRID por María Valdés

El Pentágono. Wikipedia.
Mientras UNASUR paulatinamente se desplaza hacia la creación de un sistema autónomo de seguridad, la perspectiva de Washington en torno a iniciativas de integración en tal escala es bien conocida: típicamente Estados Unidos ve con malos ojos esos proyectos a menos que los controle. A la luz de lo anterior, puede parecer sorprendente que los recientes movimientos de la UNASUR en la esfera de la seguridad no recibieran un ataque de parte de Washington.
Dado que uno no puede esperar que el Pentágono, con sus permanentes guerras abiertas y encubiertas en Asia y África, perdiera interés en su “propio patio trasero”, debe haber una profunda explicación detrás de esta extraordinaria tolerancia de parte del Imperio que, en la mayoría de los casos, es rápido para castigar cualquier desafío. Aparte de la consabida retórica anti-iraní, el jefe del Pentágono, León Panetta, descargó generosamente expresiones amistosas y pacifistas durante su reciente gira por América Latina, en la que visitó Colombia, Brasil y Chile. Como era de esperar, Panetta habló de la lucha contra los cárteles de la droga y en reuniones con la prensa fustigó a Venezuela, refiriéndose en particular a la preocupación de Estados Unidos por su rearme con la asistencia de Rusia y China. El señalamiento de Panetta –bastante ridículo—fue que esta política se veía sospechosa habida cuenta que se trata de un país que no enfrenta amenazas externas.
Sin embargo, es completamente natural que las guerras de Estados Unidos por el petróleo justifican el rearme de Venezuela porque su gobierno se da cuenta que más temprano que tarde vendrá el ataque de EEUU.
La gama de temas referidos por Panetta en el curso de su primera aparición en condición de Secretario de Defensa de Estados Unidos, da una idea bastante razonable sobre la agenda de EEUU en la región. Por ejemplo, Panetta elogió la campaña antinarcóticos lanzada por Estados Unidos en conjunto con el gobierno colombiano donde también se incluyen las interacciones de la lucha contra los grupos guerrilleros de izquierda.
Estos últimos solían contar con unos 20.000 miembros en el mejor momento de su actividad, aunque actualmente su número apenas llega a 8.000. Panetta está convencido que el Plan Colombia que le cuesta a Washington por lo menos 8.000 millones de dólares, ha demostrado ser eficiente y prometió que la colaboración de Estados Unidos con Colombia continuará en el futuro a pesar que los recursos financieros del Pentágono se están reduciendo. Confirmó la compra por parte de Colombia de 10 helicópteros norteamericanos, cinco de ellos Black Hawk. Estados Unidos continuará suministrando armamento a su principal socio en la región ya que Washington aprecia el papel jugado por Colombia en la contención de los regímenes populistas. De hecho Panetta promocionó los lazos militares de Estados Unidos y Colombia como ejemplarizantes y dejó caer la sugerencia de construir la misma relación con otros países latinoamericanos, lo cual es prioritario para el Pentágono a corto y largo plazo.
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